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Estas raras familias nuevas…

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Escribe Carlos A. Rinaldi (Abogado)
carlosrinaldiabogado@gmail.com

La irrupción del discurso de promoción de derechos de la Infancia ha cambiado radicalmente la estructura tradicional de la familia moderna. Ha dotado de visibilidad a actores –las niñas, niños y adolescentes-, que por su condición de “prohijamiento”, siempre ocuparon un rol de subordinación en relación a la autoridad de los padres.

La estructura de permisividades y prohibiciones que representa la familia, reconocía en los hijos menores de edad a sujetos pasivos del control y de la disciplina de los padres.

Ideas tan recientes como la “autonomía progresiva”, la “particularidad de los intereses de los hijos”, los que hasta incluso, pueden ir en contra de los intereses de los progenitores, han hecho tambalear nociones preclaras sobre la autoridad, la corrección y la representación en la relación filiar padres-hijos. Nociones que hasta entonces gozaban de una rigidez socialmente aceptada.

La figura retórica y hasta folclórica de la “rebelión de los hijos” por sobre el mandato de los padres, ha dejado de tener visos de excepcionalidad, para adquirir la encarnadura de un dato fáctico y hasta habitual.

En el discurso tuitivo de la infancia, la subjetivación del niño/a y del adolescente, han replanteado el escenario de las relaciones familiares y dotado de un nuevo protagonismo a los niños. Escenario, que en interpretaciones extremas, ha llegado a ser considerado casi como un verdadero “fenómeno emancipatorio”.

La “consideración jurídica de la Infancia”, importó un replanteo de los protagonismos en la esfera familiar. A la par que recortó potestades a los progenitores, sobre todo, cuando éstas contrarían la voluntad de los hijos.

El discurso “disciplinar” de los progenitores/tutores, perdió virtualidad tutelar/coercitiva. Perdió su impronta verticalista, para ceder paso a un fenómeno de democratización en las relaciones familiares.

Bajo fórmulas tales como; “El derecho a ser oído” o “El interés Superior”, se construyó un plafón de “Participación”, donde el manejo de las relaciones de poder ya no corresponde exclusivamente a los progenitores/tutores, y se inscriben en un terreno de disputas, donde la voz de los hijos, también debe ser escuchada.

Las relaciones de familia, finalmente, son un terreno de disputa.

Claramente el escenario de la tradición familiar se ha modificado. Ya no campea con exclusividad el mandato de los padres sobre la inexperiencia artificial de los hijos. Es necesario “legitimar” los alcances de ese imperiun a través de herramientas de consenso, es necesario democratizar el marco de las relaciones filiares (Actualmente, ese es el espíritu de las disposiciones relativas a la “Responsabilidad Parental” y al “Cuidado de los Hijos”, en el CCyCN).

Se afinca allí, otro escenario modificado en esta experiencia. El del “Poder disciplinario paternal”.

La idea de la “democratización” de las relaciones familiares, supone la ruptura de las rigideces, de los preconceptos y de las presunciones.

Lo que otrora, desde la perspectiva tradicional del derecho de familia, suponía la atribución del Poder (Potestad de los Progenitores) exclusivamente a los padres sobre los hijos, hoy es puesto en cuestión.

Una democracia de la vida familiar, implica una concepción “paritaria” del Poder, una “horizontalidad” en la toma de decisiones. La creación de consensos que satisfagan todos los intereses de todos.

La actual formulación, el art. 26 del CCyCN, es un claro ejemplo de los alcances de estas innovaciones, las que ya tenían su incipiente reconocimiento contra legem en la doctrina jurisprudencial.

La inteligencia legal referida, le otorga al adolescente entre los 13 y 16 años de edad, la atribución de decidir sobre su propio cuerpo. E incluso, asimila la decisión que tome a partir a los 16 años, a la de persona mayor de edad.

Este supuesto década atrás, desde la perspectiva tradicional, hubiese resultado una verdadera rareza.

Los escenarios familiares han cambiado, y suponen nuevos desafíos en las relaciones interpersonales.

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Silvana Pagani
Directora de Pregón

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