A seis años del crimen de Fernando Báez Sosa, el santuario en Villa Gesell luce despojado y casi en silencio

El homenaje frente al exboliche Le Brique fue breve y con escasa concurrencia. Allegados denunciaron el retiro constante de objetos y expresaron su preocupación por el intento de borrar la memoria de Fernando Báez Sosa, el joven asesinado en 2020.

A seis años del asesinato de Fernando Báez Sosa, ocurrido la madrugada del 18 de enero de 2020 en Villa Gesell, el santuario levantado frente al exboliche Le Brique mostró una imagen muy distinta a la de años anteriores. La conmemoración realizada este sábado fue breve, con poca asistencia y atravesada por un clima de tristeza e impotencia entre quienes se acercaron a rendir homenaje.

El acto se desarrolló en la esquina de avenida 3 y Paseo 102, a pocos metros del lugar donde el joven estudiante de Derecho fue brutalmente golpeado hasta la muerte. Allí se celebró una misa y una corta concentración que no superó los 20 minutos. Apenas un reducido grupo de vecinos y turistas participó del encuentro, mientras la actividad comercial y turística de la ciudad continuaba con normalidad.

No quieren que sea recordado”, expresó Sabrina, una de las organizadoras del homenaje, al denunciar el retiro permanente de carteles, flores, rosarios y otros elementos que conforman el memorial. Según relataron allegados a la familia Báez Sosa, los objetos colocados en el santuario son retirados casi a diario, especialmente durante la temporada de verano. “Los sacan, pero los vamos a volver a poner las veces que hagan falta”, aseguró una mujer cercana a la familia.

El espacio de memoria, que en otros aniversarios estuvo cubierto de mensajes, camisetas y símbolos de afecto, apareció visiblemente más despojado. Incluso denunciaron que el árbol que forma parte del santuario fue podado recientemente, lo que interpretaron como otro gesto para reducir la visibilidad del recuerdo.

Durante el homenaje, se sumaron nuevas flores, velas y mensajes, aunque muchos intentos por repartir imágenes de Fernando fueron rechazados por transeúntes que pasaban por la zona. “Hoy Villa Gesell ya no se detiene por él”, fue una de las frases que resonó entre los presentes.

Entre rezos y palabras breves, el dolor volvió a hacerse visible. “No nos suelten la mano”, pidió una mujer entre lágrimas, mientras otros reclamaban que no se abandone la memoria ni el acompañamiento a la familia. El contraste fue marcado cuando, a pocos metros, jóvenes realizaban maniobras imprudentes en bicicleta, ajenos al significado del lugar.

El acto concluyó cerca de las 20.30, y el santuario volvió a quedar en silencio, reflejando una realidad que preocupa a quienes sostienen el memorial: el temor de que el paso del tiempo y la indiferencia terminen borrando el recuerdo de Fernando Báez Sosa y el reclamo de justicia que marcó a todo el país.