Lotes de soja de primera en la región núcleo afectados por el estrés hídrico y las altas temperaturas.

Alerta en el campo: el calor y la sequía golpean a la soja de primera en la región núcleo

El clima extremo pone en jaque la campaña agrícola nacional. Actualmente, casi medio millón de hectáreas de soja de primera en la región núcleo presentan una condición regular debido a las lluvias erráticas. La falta de agua afectó al 65% del área, dejando a los cultivos en una situación crítica justo antes de una inminente ola de calor.

Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA), las temperaturas máximas alcanzarán picos de 38°C en los próximos días. Sin embargo, los especialistas esperan un alivio temporal a partir del lunes 26 con precipitaciones aisladas e intermitentes. Si estas lluvias no llegan pronto, los técnicos recortarán con fuerza las estimaciones de rendimiento para la oleaginosa.

Impacto en el maíz y la soja de primera en la región núcleo

El escenario actual muestra una gran heterogeneidad en los campos santafesinos y cordobeses. Por un lado, el maíz temprano resiste en zonas con buena aptitud, pero sufre fuertes mermas en el sudeste de Córdoba. Por este motivo, en sectores de Marcos Juárez ya estiman pérdidas de rendimiento de hasta el 50% en los lotes sembrados en octubre.

Además, la soja de segunda también presenta un panorama ajustado y necesita agua de manera urgente. En localidades como Carlos Pellegrini y Bigand, el crecimiento del cultivo se desaceleró notablemente. En consecuencia, los productores monitorean minuto a minuto los pronósticos para decidir sus próximas estrategias de manejo.

La amenaza de la chicharrita en el Norte

Mientras el centro del país sufre por la sequía, el norte enfrenta un desafío diferente. El incremento de las poblaciones de “chicharrita” (Dalbulus maidis) preocupa a los productores del centro-norte de Santa Fe y el NOA. Por otra parte, el exceso de humedad en esas regiones retrasa la siembra de los últimos cuadros de maíz tardío.

En resumen, el éxito de la campaña 2025 depende exclusivamente de lo que ocurra con el clima en los próximos siete días. La combinación de estrés hídrico y plagas obliga al sector a mantenerse en estado de alerta permanente.