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“No queremos que llegue la noche”: la desgarradora historia de una familia que perdió todo y vive en una plaza de Rosario

Anabela TramontiniRegiónActualidad11 mayo 2026 a las 12:34

Una pareja, su hijo adolescente y un abuelo de 70 años llevan más de un mes durmiendo a la intemperie tras quedarse sin trabajo y no poder pagar el alquiler. El frío y la inseguridad son su peor enemigo cada atardecer.

La noche se convirtió en la peor hora del día para una familia de cuatro personas que vive a la intemperie en una plaza ubicada frente a la Maternidad Martin y el CEMAR, en pleno centro de Rosario. Hace más de 35 días que Adrián (45), Sabrina (37), su hijo de 15 años y el padre de él, un jubilado de 70, duermen sobre el pasto, protegidos apenas por unas frazadas y bolsas de plástico.

“No quiero que llegue la noche porque viene el frío y el peligro”, contó Adrián al móvil de un medio local. El hombre trabajaba hace seis años en seguridad privada hasta que la empresa perdió un contrato y lo despidió. Casi al mismo tiempo, su pareja Sabrina se quedó sin ingresos: cuidaba a un adulto mayor que fue derivado a una residencia geriátrica.

Sin ingresos fijos, el aumento constante del alquiler de su casa en barrio Luis Agote terminó por expulsarlos a la calle. Hoy, el grupo convive en la plaza junto a su perra de cinco años, único acompañante en medio de la incertidumbre.

Un adolescente que dejó la escuela

Una de las consecuencias más duras de esta situación recae sobre el hijo de la pareja. El adolescente de 15 años dejó de ir a la escuela. “Al no tener un buen descanso ni la forma correcta para higienizarse, no está pudiendo ir”, lamentó Sabrina con la voz entrecortada.

Adrián también arrastra problemas de salud: sufre una úlcera venosa en una pierna producto de pasar largas horas sentado y sin un lugar adecuado para descansar.

La familia recibió asistencia del municipio, pero aseguran que no es suficiente para salir de la plaza. “Nos dieron 100 mil pesos a cada uno, pero una habitación está arriba de los 280 mil”, explicó Sabrina. Además, muchas pensiones no aceptan menores ni mascotas, lo que cierra aún más las posibilidades.

A pesar de todo, la pareja insiste en que no buscan limosna ni ayuda permanente. “Somos una familia de trabajo y de lucha”, afirmó Sabrina, mientras pedían una oportunidad laboral y un alquiler accesible que les permita recuperar su dignidad. Sus pertenencias fueron guardadas por conocidos, a la espera de poder tener un techo propio nuevamente.

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