IDM cambia de manos y abre una nueva etapa en San Lorenzo: garantizan los puestos de trabajo

La histórica planta de tratamiento de residuos peligrosos, IDM, fue adquirida por el Caterina Group, de Buenos Aires. Tras años de crisis e incertidumbre, los gremios confirmaron la continuidad laboral de los 120 empleados y anticipan un plan de inversiones a largo plazo.

Después de un prolongado período marcado por la inestabilidad financiera, conflictos administrativos y riesgo de cierre, la planta IDM de San Lorenzo inicia una nueva etapa. La empresa dedicada al tratamiento de residuos industriales peligrosos, ubicada sobre la Ruta 10, en cercanías del cruce con la Ruta 11 y la Autopista Rosario–Santa Fe, fue adquirida por el grupo inversor bonaerense Caterina Group.

La confirmación de la venta de la empresa IDM trajo alivio inmediato a los trabajadores y sus familias. La noticia fue comunicada a través de las entidades gremiales que representan al personal, quienes señalaron que el traspaso incluye la garantía de continuidad laboral para los cerca de 120 empleados que se desempeñan en el predio de la zona norte de la ciudad. En los próximos días se espera la presentación formal de las nuevas autoridades ante el plantel.

El cambio de dueños llega como desenlace de un proceso complejo. En los últimos años, IDM atravesó una profunda crisis de gestión y financiamiento que impactó de lleno en su operatividad. El 2025 fue el punto más crítico: la suspensión de autorizaciones ambientales derivó en meses de inactividad fabril y obligó a implementar esquemas de suspensiones rotativas para sostener el empleo.

La planta, estratégica para el Cordón Industrial, funciona bajo un entramado regulatorio complejo que involucra a distintos convenios laborales, entre ellos los de Camioneros, Químicos, Empleados de Comercio y Carga y Descarga. Desde el Sindicato Químico de San Lorenzo celebraron el acuerdo alcanzado: “Se reconoce la antigüedad y se garantiza la continuidad laboral”, señalaron tras las primeras conversaciones.

IDM fue uno de los emblemas del crecimiento industrial de la región durante la década del 90. En un contexto de expansión productiva y normativas ambientales aún incipientes, logró posicionarse como un actor clave en la gestión de residuos peligrosos, anticipándose a una problemática que con el tiempo se volvió central para el desarrollo sustentable.

Con el avance de las regulaciones ambientales a nivel nacional, la empresa consolidó su rol como eslabón indispensable para numerosas industrias del área portuaria e industrial. Durante años fue sinónimo de inversión, empleo calificado y crecimiento. Sin embargo, tras el fallecimiento de uno de sus fundadores, Enrique Lauria, en 2017, comenzaron a profundizarse dificultades internas que terminaron afectando su funcionamiento.

El momento más delicado se produjo a fines del año pasado, cuando el Gobierno nacional resolvió no renovar los permisos necesarios para su operación, dejando a la firma al borde del cierre. En ese escenario se abrió una etapa de negociaciones que culminó con la compra de los activos y pasivos por parte del nuevo grupo inversor.

Según trascendió de fuentes empresarias, Caterina Group presentó un plan de recuperación y puesta en valor a cinco años, que contempla inversiones escalonadas, readecuación a los estándares ambientales vigentes y una reestructuración integral para devolverle competitividad a la planta.