Jóvenes que se identifican como animales: qué hay detrás del fenómeno “therian” que estalló en redes

Videos virales de adolescentes imitando conductas animales reavivaron el debate sobre identidad y salud mental. Especialistas aclaran que la theriantropía no está reconocida como un trastorno y que, por sí sola, no implica una enfermedad.

En las últimas semanas, la palabra therian comenzó a multiplicarse en redes sociales y a instalarse en la conversación pública. En TikTok y X circulan videos de jóvenes que caminan en cuatro patas, usan máscaras de lobos o zorros y reproducen movimientos asociados a distintos animales. Las imágenes generaron curiosidad, pero también burlas y cuestionamientos: ¿moda pasajera, búsqueda identitaria o problema psicológico?

El término proviene de therianthrope, de raíz griega (ther, bestia; anthropos, humano), y en su uso actual describe a personas que experimentan una identificación interna con un animal no humano. Quienes forman parte de esta comunidad sostienen que no se trata de un juego ni de una simple puesta en escena, sino de una vivencia vinculada a su autopercepción.

Identidad, no delirio

Uno de los puntos centrales que remarcan especialistas en salud mental es que las personas que se identifican como therians no pierden contacto con la realidad. Saben que son humanas y no creen que su cuerpo se transforme físicamente. La identificación se experimenta en el plano subjetivo, emocional o simbólico, no como una creencia delirante.

“Ser therian, en sí mismo, no constituye un diagnóstico clínico”, coinciden profesionales consultados en distintos medios. A diferencia de cuadros psiquiátricos graves, no implica necesariamente alteraciones de la percepción ni desconexión con el entorno.

En muchos casos, esta forma de identificación aparece durante la adolescencia, una etapa atravesada por la construcción de identidad y la necesidad de pertenencia. También puede funcionar como un recurso para procesar emociones o experiencias difíciles, sin que eso suponga automáticamente la existencia de una patología.

Teriotipo, “shifts” y disforia de especie

Dentro de la comunidad, el animal con el que cada persona se identifica recibe el nombre de teriotipo (o theriotype). Los más frecuentes suelen ser lobos, zorros, perros y felinos, aunque también hay quienes se reconocen en aves o reptiles.

Algunos hablan de shifts (cambios), episodios temporales en los que predominan sensaciones asociadas a su teriotipo, como una percepción más instintiva o incluso la experiencia de “extremidades fantasma”, por ejemplo, sentir una cola que no existe físicamente. También se menciona el concepto de “disforia de especie”, que describe el malestar por la distancia entre la identidad interna y el cuerpo humano.

Investigaciones académicas recientes señalan que la theriantropía contemporánea suele encuadrarse como una identidad no convencional antes que como un trastorno mental. En determinados casos, puede operar como un marco simbólico para organizar vivencias personales complejas.

Más allá del disfraz

Aunque la exposición en redes suele mostrar escenas llamativas —como jóvenes desplazándose en cuatro patas en plazas o utilizando accesorios con rasgos animales—, la mayoría de los therians lleva una vida cotidiana similar a la de cualquier otra persona: estudian, trabajan y mantienen rutinas habituales.

En paralelo, se popularizó la práctica de los quadrobics, una actividad física que consiste en correr y saltar en cuatro apoyos imitando la locomoción animal. Si bien no es exclusiva de esta comunidad, muchos la adoptan como forma de conexión con su teriotipo.

El fenómeno, que tuvo sus primeros espacios de intercambio en foros digitales de los años 90, hoy se expande con mayor visibilidad. En Argentina ya se realizaron encuentros abiertos donde quienes se identifican como therians comparten experiencias y explican su postura ante un público que, en muchos casos, los observa con sorpresa.

Entre la curiosidad, el prejuicio y el debate, el boom de los therians vuelve a poner en escena cómo las nuevas generaciones exploran su identidad en el entorno digital. Por ahora, la discusión parece tener más opiniones que evidencia científica concluyente.