Mesa servida con platos de pescado para el ayuno de Semana Santa.

¿Por qué se come pescado el Viernes Santo?: El origen de una tradición milenaria

La abstinencia de carne roja es una de las costumbres más arraigadas de la Semana Santa. Conocé el significado espiritual de este gesto de austeridad y por qué el pescado es el protagonista de la mesa.

Durante la Semana Santa, uno de los períodos más importantes del calendario cristiano, muchos fieles mantienen la tradición de no consumir carne, especialmente el Viernes Santo y los viernes de Cuaresma. Se trata de un gesto de penitencia, purificación y recogimiento espiritual que marca la identidad de estas fechas en nuestra región.

Ante la costumbre de evitar la carne roja, el pescado aparece como la principal alternativa en la mesa familiar. Pero, ¿de dónde surge esta práctica que se repite año tras año?

El significado de no comer carne en Semana Santa

El origen de esta costumbre se asocia al recuerdo de la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret, un día de dolor y arrepentimiento por los pecados. Desde la antigüedad, la carne estuvo asociada a los banquetes y la abundancia, todo lo contrario a la austeridad que caracteriza a la Semana Santa.

Por eso, abstenerse de consumirla se interpreta como una forma de renuncia a los placeres materiales. Además, al tratarse de un día que remite a la muerte de Cristo, se evita el consumo de alimentos relacionados con el “derramamiento de sangre”, optando por el pescado como símbolo de sobriedad.

El pescado: Símbolo de humildad y vigilia

Comer pescado el Viernes Santo tiene un significado vinculado a la humildad. A diferencia de los grandes banquetes de carnes rojas, este alimento simboliza la sobriedad necesaria para acompañar el ayuno y la oración.

En la zona de San Lorenzo y la región, entre las comidas típicas de esta fecha se destacan:

  • Empanadas de vigilia: Preparadas tradicionalmente con atún o caballa.
  • Platos regionales: Como las rabas, cazuelas o la clásica tortilla de camarones.

Esta tradición, promovida por la Iglesia Católica, busca la purificación y la conexión con la fe antes de la celebración del Domingo de Pascua, que conmemora la resurrección de Jesucristo.