Crisis en Lácteos Verónica: sueldos impagos, plantas paralizadas y 700 familias en la incertidumbre

La empresa láctea con plantas en Clason, Suardi y Lehmann atraviesa una situación crítica: acumula meses de salarios impagos, tiene su producción prácticamente detenida y mantiene en vilo a cientos de trabajadores. Los empleados denuncian desmanejos de la conducción y sospechan un posible vaciamiento.

La preocupación crece en las pequeñas localidades santafesinas donde Lácteos Verónica tiene presencia. Alrededor de 700 hogares dependen de la compañía, que hoy enfrenta una crisis profunda. Los salarios llevan meses sin pagarse —en algunos casos más de dos períodos completos, más los aguinaldos—, el transporte del personal fue suspendido y plantas como la de Clason ya cerraron sus puertas a comienzos de enero.

A esto se suma el corte de servicios esenciales por falta de pago y una producción que, cuando opera, lo hace a un ritmo mínimo. Los trabajadores advierten que, mientras las industrias permanecen paralizadas, los dueños continúan produciendo leche en un tambo propio —con unos 80.000 litros diarios— pero derivan ese volumen a otras empresas en lugar de procesarlo en sus propias plantas.

El desvío de materia prima es uno de los puntos que más alimenta las sospechas entre los empleados. En un contexto donde el sector lácteo, a nivel general, no registra una crisis estructural, los trabajadores sostienen que el colapso de Verónica responde a decisiones internas y a una conducción deficiente.

También mencionan conflictos entre los actuales propietarios, herederos de los fundadores, como un factor que agrava la parálisis y profundiza el desmanejo. La falta de respuestas concretas por parte de la empresa alimenta la hipótesis de un posible desmantelamiento encubierto.

El impacto no se limita a los trabajadores de la firma. En poblaciones como Clason, donde cerca de cien personas trabajan en la planta, la crisis laboral se traslada directamente al comercio local y a los servicios. La caída del ingreso familiar afecta a almacenes, escuelas y pequeños emprendimientos que dependen del consumo de los empleados de la láctea.

Ante la falta de definiciones, los familiares de los trabajadores comenzaron a organizarse para dar visibilidad al conflicto y acompañar las medidas gremiales. El desgaste emocional y económico se profundiza con el correr de los días sin que aparezcan señales de solución.

El futuro de Lácteos Verónica permanece en un cono de sombras. No hay precisiones sobre una posible reactivación, la llegada de nuevos inversores o un plan de reestructuración. La empresa continúa sin dar la cara, mientras las deudas se acumulan y las plantas siguen semi paralizadas.

En ese marco, el conflicto sigue escalando. Por ahora, no hay una solución concreta en el horizonte. Solo la espera tensa de cientos de familias que no saben si volverán a tener trabajo.