WhatsApp, un martillazo y un descampado: el mapa de un homicidio planificado en el crimen de Omar Rendón

La investigación por el asesinato de José Omar Rendón Ramírez, el chofer colombiano de 65 años cuyo cuerpo apareció en un descampado de Roldán, ingresó en su etapa decisiva con una conclusión que sella el destino de los dos detenidos: lo que ocurrió no fue un robo que se descontroló, sino un crimen fríamente premeditado con el único fin de quedarse con una suma importante de dinero en efectivo. Fuentes judiciales confirmaron que ambos serán imputados el día lunes por homicidio agravado por el lucro y la planificación previa.

La trampa comenzó a gestarse en el teléfono. Según la reconstrucción de los investigadores, la mujer detenida, Agustina E., mantenía con Rendón un trato fluido y habitual a través de mensajes de WhatsApp. Habían tenido encuentros previos, y esa confianza fue la llave que abrió la puerta a la emboscada. El jueves del crimen, la víctima acudió a una cita pactada en la vivienda de calle Echeverría 105, en San Lorenzo, un viejo conventillo de habitaciones independientes que comparten patios y pasillos. En una de esas piezas residía el otro sospechoso, Ezequiel R., con quien, según la acusación, la mujer compartía una “sociedad” delictiva orientada a asaltar a quien creían poseedor de una gran fortuna en efectivo.

Cuando Rendón ingresó a la habitación, fue atacado por la espalda. Los peritajes forenses determinaron que la muerte fue instantánea: un martillazo certero en la nuca, un golpe que los investigadores describen como una ejecución mecánica, dirigida a aniquilar cualquier posibilidad de resistencia y a garantizar la impunidad de los agresores. El móvil, sostiene la fiscalía, fue estrictamente económico. Ambos detenidos carecen de trabajos formales registrados y habrían elegido a la víctima tras conocer que manejaba habitualmente sumas importantes de dinero por sus actividades comerciales y su trabajo en aplicaciones de traslado.

El plan de los homicidas comenzó a resquebrajarse cuando decidieron deshacerse del cuerpo. Tras el ataque, trasladaron a Rendón hasta un camino rural paralelo a la Ruta AO12, cerca del Parque Industrial de Roldán, y lo abandonaron en un descampado. Lo que no previeron es que las cámaras de seguridad de la zona registraron el momento en que ambos se dirigían hacia allí para descartar el cadáver. Esas imágenes se convirtieron en una pieza clave de la acusación.

El cerco se cerró definitivamente cuando Agustina E., en un intento por despegarse de la autoría material del homicidio, terminó confesando el lugar exacto donde había quedado el cuerpo. Sin embargo, para la fiscalía esa estrategia no modifica el grado de responsabilidad: la premeditación, el ensañamiento y la participación activa de ambos en todo el proceso –desde la planificación hasta el traslado del cadáver– los ubican en la misma escala penal. Con el martillo secuestrado, los rastros de sangre detectados con luminol dentro del conventillo y los videos que muestran el abandono del cuerpo, el camino hacia la prisión perpetua aparece como el único destino posible para los protagonistas de este oscuro episodio que conmocionó a la región.