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Polémica en Chubut por la venta de carne de burro: ¿Innovación productiva o choque cultural?

Silvana PaganiPaís14 abril 2026 a las 10:57

Un productor de Punta Tombo comenzó a comercializar el producto en carnicerías de Trelew como alternativa económica frente a la crisis ovina. La iniciativa genera debate entre quienes promueven la diversificación y quienes cuestionan su aceptación social y ética.

La reciente incorporación de carne de burro al circuito comercial en la provincia de Chubut abrió un intenso debate en distintos sectores de la sociedad. La iniciativa, impulsada por el productor rural Julio Cittadini en la zona de Punta Tombo, dejó atrás su fase experimental y desde principios de abril comenzó a ofrecerse en carnicerías de Trelew.

El producto se comercializa a un valor cercano a los 7.500 pesos por kilo y presenta cortes similares a los de la carne vacuna, en un intento por posicionarse como sustituto o complemento dentro del consumo habitual. Como parte de la estrategia de inserción, se anunció además una degustación abierta en una parrilla local, donde los vecinos podrán probar preparaciones como empanadas, chorizos y asado elaborados con esta carne.

La propuesta no surge de manera aislada, sino como respuesta a la crisis estructural que atraviesa la producción ovina en la Patagonia. Factores como la depredación de fauna silvestre, la baja rentabilidad y las condiciones climáticas adversas impactaron de lleno en la actividad lanera. A esto se suma que muchas zonas no son aptas para la ganadería bovina, lo que limita las alternativas tradicionales.

En ese contexto, Cittadini plantea al burro como una especie resistente y adaptable al ambiente árido, con potencial productivo aún no explotado. Según sostuvo, la carne posee cualidades nutricionales y de sabor comparables a las de la carne vacuna, lo que podría facilitar su incorporación al mercado.

Polémica por el consumo de carne de burro

Sin embargo, el principal desafío parece ser cultural. En la Argentina, el consumo de determinadas carnes está profundamente ligado a tradiciones arraigadas, y la idea de incorporar carne de burro genera rechazo o sorpresa en buena parte de la población. Esta barrera simbólica se convirtió en uno de los ejes centrales de la discusión.

Mientras algunos sectores valoran la iniciativa como una alternativa innovadora para diversificar la producción y sostener la actividad rural, otros cuestionan su viabilidad económica y plantean objeciones éticas. Organizaciones proteccionistas de animales señalaron que el burro ha sido históricamente un animal de trabajo y compañía, lo que genera un vínculo distinto al de otras especies destinadas al consumo.

Habilitaciones y marco regulatorio

Otro punto clave es el marco regulatorio. Actualmente, el emprendimiento cuenta con habilitaciones locales provisorias, pero requiere la aprobación del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria para poder expandir su comercialización a nivel nacional. Este paso será determinante para definir si la iniciativa logra consolidarse o queda limitada a una experiencia aislada.

El proyecto, denominado “Burros Patagones”, también contempla otras líneas de desarrollo, como el aprovechamiento del cuero para la producción de insumos con potencial exportador.

Entre la curiosidad, la controversia y la expectativa, la carne de burro comienza a abrirse camino en el sur del país, poniendo en discusión los límites entre tradición, innovación y necesidad económica en el campo argentino.

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