
Abril cerró con una caída del 4,7% mensual en el consumo masivo. A pesar de la desaceleración de los precios, el sector minorista no logra recuperarse y los comercios locales enfrentan un escenario de cautela extrema.
La desaceleración de la inflación, que se ubicó en el 2,6% durante abril, no ha sido el alivio que el mercado esperaba. Lejos de una reactivación, este ámbito profundizó su crisis, acumulando un retroceso que preocupa a todo el sector comercial. Los datos del último informe de la consultora Scentia confirman que la tendencia negativa, que ya atraviesa más de un año, se consolida sin señales de rebote en el corto plazo.
El problema de fondo no es solo el precio de góndola, sino la estructura del presupuesto familiar. El aumento sostenido de los gastos regulados —tarifas, servicios públicos y transporte— está absorbiendo una parte creciente de los ingresos. Según informes de Equilibra, el ingreso disponible real se encuentra hoy un 12% por debajo del promedio registrado entre enero y septiembre de 2023.
Ante este panorama, el consumidor ha adoptado una conducta defensiva y racional. Los productos considerados “no esenciales” o de compra impulsiva —como golosinas, que cayeron un 14,1%— son los primeros en ser eliminados del changuito, priorizando únicamente los bienes de primera necesidad.
El deterioro es transversal a casi todos los canales de venta:
Supermercados y mayoristas: Fueron de los formatos más golpeados, con una baja del 4,5% interanual en abril y un acumulado negativo del 5,2% en el cuatrimestre.
Comercios de cercanía: Autoservicios, kioscos y comercios tradicionales sufrieron una retracción del 4,8% interanual.
El e-commerce, la única excepción: El comercio electrónico registró un crecimiento interanual del 40,4%, consolidándose como el canal de mayor expansión. No obstante, este volumen aún no logra compensar la caída generalizada del consumo en los puntos de venta físicos de la región.
La realidad es clara: el freno en la inflación es un paso necesario, pero insuficiente para la reactivación. Mientras los salarios no logren recuperar terreno frente al costo de los servicios y la inflación, la postura del consumidor seguirá siendo de extrema prudencia. Para el sector comercial, el desafío de cara a los próximos meses es adaptarse a un mercado que, lejos de ser el de siempre, exige máxima eficiencia y un control estricto de costos para sobrevivir.