
Entre enero y junio se contabilizaron 45 asesinatos en el departamento, frente a los 150 registrados en el mismo período de 2023. La mejora logística, el despliegue de patrulleros y el control en las cárceles, los ejes que explican el cambio de tendencia según los datos oficiales.
Rosario consolida una fuerte tendencia a la baja en sus índices de violencia altamente lesiva. Durante el primer semestre de 2026, el departamento registró el número de homicidios más bajo de los últimos 25 años, marcando un quiebre estructural respecto de la crisis de seguridad que atravesó la región en el último lustro.
Según la radiografía criminal presentada este jueves por el Ministerio de Justicia y Seguridad de Santa Fe, entre enero y junio se cometieron 45 homicidios en el entramado urbano rosarino y sus alrededores. La cifra cobra dimensión al contrastarla con el mismo período de 2023, el año más sangriento de la historia reciente, cuando se habían reportado 150 víctimas. El descenso a nivel provincial acompaña esta sintonía, con una reducción del 67% (73 casos en todo el territorio santafesino).
Para los analistas y las autoridades del área, el dato clave es que no se trata de una fluctuación aislada, sino de un proceso sostenido en el tiempo. Al mirar la serie histórica de los primeros semestres de la última década, el retroceso de la violencia es evidente:
| Año (Primer Semestre) | Homicidios en Depto. Rosario |
| 2014 | 135 |
| 2020 | 96 |
| 2023 | 150 |
| 2024 | 59 |
| 2025 | 69 |
| 2026 | 45 |
Uno de los reparos habituales de los expertos en seguridad al analizar las tasas de homicidios es la “cifra negra” o las variables hospitalarias. Sin embargo, desde la Secretaría de Análisis y Gestión de la Información remarcaron que el descenso de asesinatos se convalida con otra variable crucial: los heridos por arma de fuego (HAF) ingresados a los efectores de salud pública cayeron en una magnitud similar. Esto confirma que la circulación de la violencia letal en las calles efectivamente se redujo.
Al momento de explicar el porqué de este escenario, los funcionarios provinciales evitaron el discurso puramente político y detallaron el cambio en la ingeniería operativa de las fuerzas de seguridad, contrastando la gestión actual con el estado de situación de diciembre de 2023.
En aquel momento, Rosario —una ciudad de más de un millón de habitantes— tenía apenas 30 patrulleros disponibles en calle para cubrir todas las cuadrículas, lo que estiraba el tiempo de respuesta del sistema 911 a un promedio de media hora por llamada.
Actualmente, el despliegue logístico cuenta con:
Más de 300 patrulleros activos en simultáneo.
Alrededor de 100 duplas de policías caminantes en zonas comerciales y de alta concentración.
Un tiempo de respuesta ante emergencias del 911 que se redujo a los 6 minutos.
A este esquema de prevención en vía pública se le sumaron dos componentes clave: la intervención en el Servicio Penitenciario para limitar el esquema de “home office” de los presos de alto perfil —quienes históricamente ordenaban balaceras y ejecuciones desde los penales— y la incorporación de tecnologías de análisis criminal como el sistema Lince, utilizado para el esclarecimiento rápido de hechos delictivos en flagrancia.
Más allá de la frialdad de las planillas estadísticas, la retracción de los delitos de sangre empieza a modificar el pulso de una ciudad que intentaba sacarse de encima el estigma de la violencia. La recuperación de los espacios públicos nocturnos, el regreso sostenido de espectáculos masivos y la reactivación del turismo de reuniones corporativas son los primeros síntomas de una normalidad que Rosario reclamaba desde hacía años.