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Qué reveló la autopsia de Gastón Montenegro: cuatro disparos y la pregunta sobre quién esconde a Blanco

Anabela TramontiniPortadaActualidadJudiciales15 septiembre 2026 a las 18:37

El informe forense al que accedió Pregón detalla la mecánica de los disparos que mataron a Gastón Daniel Montenegro y descarta que su cuerpo haya sido congelado antes de aparecer semienterrado en Serodino. Con el prófugo Diego Nicolás Blanco Paschetto todavía sin ubicar —pese a una recompensa oficial de $16.000.000—, la pregunta que empieza a instalarse en la causa es quién lo está encubriendo.

 

La autopsia realizada al cuerpo de Gastón Daniel Montenegro, a la que accedió Pregón, confirma que la causa de muerte fueron los disparos de arma de fuego que recibió en la cabeza. En total se contaron cuatro impactos de bala: dos de ellos atravesaron el cráneo y el cerebro —uno entró por detrás de la oreja derecha y salió por la mejilla del mismo lado; otro entró por la parte de atrás de la cabeza y salió por la sien izquierda, con daño severo en el cerebro—; un tercer disparo entró por debajo del labio y salió por la parte de atrás de la cabeza, atravesando el paladar y el cráneo; el cuarto impactó en la zona del hombro y la espalda alta, y solo afectó tejido blando, sin comprometer órganos vitales.

El informe también describe otras lesiones, previas o simultáneas a los disparos: varios cortes superficiales en el rostro y, principalmente, en el cuello —a ambos lados y en el frente—, además de un corte en un dedo de la mano izquierda y en la oreja. También se registraron golpes en los párpados, compatibles con haber recibido golpes en la cara, y raspones en el pecho, el abdomen y la parte de atrás de las piernas. Según los forenses, estas heridas acompañan el cuadro, pero no fueron la causa de la muerte: eso lo determinaron los impactos de bala en la cabeza.

El cuerpo fue hallado, además, desnudo y con un pañuelo atado al cuello, un dato que la investigación deberá cotejar con el resto de la causa.

Respecto del estado de conservación, la autopsia estima que la muerte ocurrió entre 34 y 36 horas antes del hallazgo del cuerpo. Pese a ese lapso, no presentaba signos de descomposición avanzada, aunque sí una palidez marcada en la piel y las mucosas, señal de una pérdida importante de sangre. El informe no describe ninguno de los signos que suele dejar un cuerpo que estuvo congelado y luego descongelado —como pérdida masiva de líquidos o alteración en la consistencia de los órganos—, por lo que esa hipótesis queda descartada con los datos disponibles.

Gastón Daniel Montenegro, de 25 años, fue secuestrado el 25 de junio cuando caminaba con un amigo por las calles Güemes y Paraguay, en Capitán Bermúdez. Según la reconstrucción judicial, Blanco y Juan Matías Vega lo abordaron y lo forzaron a subir a punta de pistola a un Volkswagen Gol Trend gris. La autopsia sitúa la muerte al día siguiente del secuestro. La desaparición había motivado el pedido de paradero y las marchas de las que Pregón dio cuenta en su momento.

Los familiares de Montenegro sostuvieron desde el primer momento que el joven no tenía vínculos con la venta de drogas. Según fuentes judiciales, el trasfondo del crimen no habría sido una deuda de Montenegro, sino una confusión de Blanco, que lo habría identificado erróneamente como la persona que marcó el domicilio donde, meses antes, el propio narco había sido baleado.

¿Quién esconde a Blanco?

A casi tres meses del crimen, Diego Nicolás Blanco Paschetto sigue prófugo. Ni los allanamientos de fines de junio —que sí permitieron detener a varios de sus colaboradores— ni el pedido de captura lograron dar con su paradero, y el Ministerio Público de la Acusación elevó la recompensa por datos que permitan ubicarlo a 16 millones de pesos, un salto respecto de montos habituales en causas similares que expone la dificultad para encontrarlo.

El día 27 de junio ( dos días después de la desaparición de Gastón  las cámaras del sistema, toman tres vehículos registrados por Blanco en distintos puntos de Rosario, El recorrido es por el Shopping del Bosque,  luego en Funes, más tarde vuelve a Rosario al mismo centro comercial. Incluso días posteriores a la desaparición de Gastón, Blanco ingresó a la guardia del Sanatorio de la Mujer, el día 29 de junio, cuando la policía buscaba a Gastón.

Esa persistencia en la fuga, sumada a la estructura que Blanco supo construir en poco más de un año —con al menos veintidós vendedores bajo sus órdenes y vínculos con proveedores en Bolivia y Buenos Aires—, alimenta una pregunta que empieza a instalarse en la causa: quién o quiénes lo están encubriendo. Familiares directos, como su hermano Rodrigo Gabriel Blanco, y su presunta mano derecha, Julián David Schreier, ya fueron detenidos en los allanamientos de junio, pero el propio Diego Blanco no fue localizado ni siquiera en los domicilios que la Justicia identificó como puntos de venta de su organización. La sospecha de un entramado de protección no es nueva en la zona: distintas causas judiciales documentaron indicios de complicidad de agentes de la delegación San Lorenzo de la Prefectura Naval con otra banda de la zona, la de Jehiel Fabián Marino y Ramón Velázquez, lo que refuerza la idea de una región donde el narcomenudeo encontró, históricamente, zonas de tolerancia o protección informal.

Blanco había sido atacado meses atrás

El 20 de marzo, Blanco recibió cuatro de los trece disparos efectuados por atacantes no identificados frente a uno de sus domicilios en Capitán Bermúdez, sobre la calle Presidente Perón. Tras el hecho, se mudó a Timbúes, donde la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) allanó su casa el 27 de junio, aunque él ya había escapado. Ese mismo día se realizaron once allanamientos más en Rosario, Capitán Bermúdez, Fray Luis Beltrán y Funes, a pedido de las fiscales Luisina Paponi y Franco Benetti. Entre los detenidos figuraron Julián David Schreier —señalado como mano derecha de Blanco y encargado de tareas de seguridad y de “catador”, es decir, de certificar la calidad y el peso de la droga comprada al por mayor—, su hermano Rodrigo Gabriel Blanco, y los hermanos Aquiles Alejandro y Ares Jonas Bustamante, oriundos de Villa María y vinculados a otra línea del microtráfico.

La causa identifica a más de veinte personas trabajando como vendedores o “soldaditos” a las órdenes de Blanco, con puntos de venta en un domicilio de Fray Luis Beltrán, otro en Capitán Bermúdez y también en Rosario, aunque los operativos solo lograron secuestrar cantidades menores de marihuana y LSD. Los hermanos Bustamante, además, remiten a otra ramificación del negocio: habían sido condenados en mayo de 2025 a tres años de prisión condicional como partícipes secundarios en venta de drogas, y en noviembre de ese año quedaron imputados junto a su madre, Alejandra Beatriz Vega —que sigue detenida tras sobrevivir a un atentado con una bomba molotov— como vendedores de una banda que operaba en los barrios Parque Casas y Nuevo Alberdi Oeste, siguiendo órdenes de un preso alojado en Piñero, Maximiliano Blanca. El recaudador de esa línea, Nicolás Ezequiel Marín, fue detenido en noviembre de 2025 en Capitán Bermúdez.

Ese entramado de bandas que operan desde la cárcel aparece también en otro tramo de la investigación judicial: un informe de la PSA describió a Héctor “el Viejo” González, preso en Piñero, como “el eje de continuidad delictiva en Capitán Bermúdez, especialmente en el barrio Copello”, y sostuvo que “su liderazgo desde prisión garantiza que la familia mantenga el control territorial del barrio”. Esa organización había protagonizado antes otro hecho de sangre en la zona: el asesinato de Nahuel Oliva, el 17 de julio de 2020 en Fray Luis Beltrán, atribuido al enfrentamiento con una red liderada por Marco Leonel Gutiérrez, quien compraba y vendía droga bajo la fachada de una compraventa de autos. Gutiérrez había recibido una condena condicional en 2020 por alojar a Valentín Mauro Montenegro —hermano de Gastón—, entonces menor de edad y señalado como autor del crimen de Oliva, y en diciembre de 2024 fue condenado a cuatro años por tráfico de estupefacientes en la Justicia Federal; su socio, Matías Andrés Bruzzoni, recibió una pena de seis años y ya recuperó la libertad. Esa misma causa alcanzó a la inmobiliaria rosarina Squadra Propiedades y a un circuito de lavado de dinero mediante la compra de autos de alta gama y un lote en el club Campo Timbó, de Oliveros —el mismo predio donde Brian Bilbao tenía una pista de aterrizaje clandestina para recibir envíos de droga desde Paraguay.

También del entorno de Gutiérrez surge otro nombre: un sobrino suyo, hoy prófugo, apareció como “brazo operativo” en la causa que investiga a la banda de Jehiel Fabián Marino y el sanlorencino Ramón Velázquez, que operaba desde la cárcel de Resistencia con presuntas complicidades de agentes de la delegación San Lorenzo de la Prefectura Naval, según la investigación federal. La última pareja de ese prófugo, Eliana Noelia Fernández, fue asesinada a balazos por sicarios en noviembre de 2025, un crimen que continúa sin detenidos.

Ese mapa de bandas, ajustes de cuentas y liderazgos carcelarios es, para investigadores consultados, la prueba de un mercado “atomizado”, con vendedores chicos y muy violentos, conocidos en San Lorenzo, Capitán Bermúdez y Granadero Baigorria, sobre el que “nadie está viendo el panorama completo”. ¿Quién protege a Blanco?

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