
Según la reconstrucción que hizo la Fiscalía en la audiencia imputativ realizada este mediodía, el acusado entró a la casa de Roxana Villareal a las 10.57 y salió dos veces. Cuando la encontraron su hijo y una amiga de la víctima, ya no había nadie que pudiera contarlo.
Todo empezó como un día de trabajo cualquiera en Capitán Bermúdez. Abel Bertoni, que dijo tener domicilio en de 9 de Julio al 2500, de Capitán Bermúdez, y ser criado por sus abuelas, hacía tareas de albañilería y jardinería en la casa lindera a la de Roxana Villarreal. El dueño de esa vivienda, lo había dejado solo a las 9.30 y le había dejado el portón abierto para que pudiera entrar y salir sin molestias.
A las 10.45, un primo de Roxana pasó por la puerta de su casa y la vio hablando con alguien. No supo distinguir con quién. Fue la última vez que alguien la vio con vida, y la última vez, según el fiscal Aquiles Balbis, que un tercero se acercó a esa casa antes del horror.
A las 10.50, las cámaras de la vereda de enfrente registraron a un hombre que salía de la casa vecina. Llevaba una camiseta de Newell’s, una gorra blanca puesta hacia atrás y un jogging azul con tiras blancas. A las 10.57 cruzó la puerta principal de la casa de Roxana. Allí había un pizarrón donde ella anotaba sus contactos. Tenía escrito el nombre “Abel”, un número de teléfono y una frase breve: “un cemento y una cerecita”. Para la Fiscalía, era el punto de contacto que justificaba su ingreso, debido a que la mujer le había pedido que realizara unas refacciones en su vivienda.
Adentro pasaron 22 minutos. Según la hipótesis acusatoria, fueron los minutos en que alguien le propinó múltiples golpes en la cabeza a Roxana hasta provocarle la muerte.
A las 11.19, el hombre salió. En la mano llevaba un trapo fucsia y, mientras caminaba, se limpiaba las dos manos. Llegó hasta la esquina, cruzó la calle y arrojó algo. Después volvió sobre sus pasos y entró otra vez a la casa.
Esta vez se quedó unos quince minutos. A las 11.36 salió con una bolsa que, según el fiscal, contenía dos elementos cilíndricos: las cámaras de vigilancia de la vivienda. Una cubría el ingreso y la otra, la entrada a la cocina. Las arrancó, y una de ellas había funcionado hasta pocas horas antes. Pero no pudo borrar a quien lo miraba desde la vereda de enfrente: una cámara de la casa de la vereda opuesta lo registró todo con nitidez.

Ninguna de las dos veces que salió de la casa de Roxana se dirigió al lugar donde debía trabajar. Recién a las 13.50, cuando el dueño de la vivienda lindera regresó, lo encontró cortando el pasto como si nada hubiera pasado. Después lo llevó hasta San Lorenzo 2525, donde Bertoni trabaja en la casa de la madre del hombre.
Mientras tanto, del otro lado de un teléfono que nadie atendía, crecía la angustia. El hijo de Roxana y una amiga la llamaron una y otra vez, sin respuesta. Fueron hasta la casa con una llave, entraron juntos y la encontraron en el piso, con golpes en la cabeza y el rostro, y rastros de sangre. Llamaron al 911.
A las 22 llegó el personal de Criminalística, junto con el médico de policía. Roxana tenía múltiples hematomas en el rostro, un ojo lastimado, golpes en los brazos y un traumatismo craneoencefálico. Su ropa interior estaba a la altura de los tobillos. Por eso la Fiscalía no descarta que haya sufrido un abuso sexual. Villarreal falleció a causa de un traumatismo encéfalo craneano grave (TEC grave), con severos traumatismos y edemas faciales y orbitales (especialmente en el ojo izquierdo), además de hematomas en el hombro derecho, dorso y escoriaciones en ambos brazos. El acta médica constató asimismo que el cuerpo fue hallado con el pantalón y la ropa interior a la altura de los tobillos.
Su celular también fue peritado. Habían borrado su contenido y varias aplicaciones, entre ellas Mercado Pago, pese a que la víctima mantenía contacto frecuente con su familia. Los investigadores analizan si hubo un despojo económico detrás del crimen.
En el allanamiento, un médico revisó el cuerpo de Bertoni. Tenía excoriaciones de pocas horas y sangre fresca en el codo, en la parte externa del antebrazo y en uno o dos dedos. “No hay ningún lugar a dudas de que ingresó Bertoni”, sostuvo el fiscal.

Con ese cuadro, Balbis pidió prisión preventiva para Bertoni por homicidio doloso, que prevé la pena más severa del Código Penal. Recordó que en 2022 fue condenado a cuatro años de prisión en un juicio abreviado por la causa de la banda conocida como “Chucky Monedita”, y que no tiene domicilio fijo porque la dirección donde él dio la misma en la que lo detuvieron no es la de su residencia, sino la de la madre de la persona que lo contrató para realizarle un trabajo de obra. Esa situación procesal, planteó, configura peligro de fuga.
El defensor Pablo Bufarini se opuso. Afirmó que Bertoni tiene arraigo, con domicilios de su madre y su hermana en Rosario y San Lorenzo ( Bertoni le mintió al juez y dijo que vivía en avenida San Martin al 2500 de Bermúdez y que no tenía padres ) que es el sustento económico de sus tres hijos, y ofreció medidas alternativas para neutralizar los riesgos procesales.
El juez Carlos Gazza sostuvo la calificación legal y también ordenó la prisión efectiva por el plazo de ley.
“La tuvimos que velar a cajón cerrado por los golpes que tenía; encontré a mi mamá y fue terrible. Llegué a la noche y esto ocurrió al mediodía. Se llevaron un anillo de casada, un celular y arrancaron la cámara de seguridad. Todo el mundo la quería”, contó a canal 3 uno de los hijos de Roxana Villareal quien volvía de despedirla al cementerio. ” La quería todo el mundo”.