Noelia Castillo muere en Barcelona tras recibir la eutanasia después de casi dos años de batalla judicial

La joven de 25 años, que sufrió una agresión sexual y una caída que la dejó en silla de ruedas, ejerció su derecho a una muerte digna pese a la oposición de su padre, respaldado por la fundación Abogados Cristianos.

Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años, falleció este jueves en el hospital Sant Camil de Sant Pere de Ribes (Barcelona) después de que se le administrara la eutanasia, un procedimiento que ella había solicitado de manera reiterada y que estuvo bloqueado durante más de 600 días por los recursos judiciales interpuestos por su padre. La noticia fue confirmada por fuentes sanitarias y por la propia fundación Abogados Cristianos, que representaba a la familia paterna y que en un comunicado en redes sociales pidió “oraciones por su alma”.

El proceso se llevó a cabo a las 18:00 horas bajo supervisión médica. Según lo establecido en la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, se le administró una medicación intravenosa con tres fármacos: los dos primeros para inducir una sedación profunda y el tercero, de mayor potencia, para provocar el paro cardiorrespiratorio. La intervención duró aproximadamente media hora, garantizando una muerte sin sufrimiento, el último acto de una voluntad que la joven había expresado sin ambages durante años.

Una vida marcada por el trauma y el sufrimiento

La historia de Noelia Castillo es la de una vida truncada por el dolor físico y psíquico. La joven pasó una infancia que ella misma describió como “feliz”, pero su adolescencia se vio ensombrecida por la separación de sus padres y las dificultades económicas. Ingresó en varios centros de menores, y fue en uno de ellos donde, en 2022, sufrió una agresión sexual múltiple, un trauma que se sumaba a un abuso anterior en el marco de una relación de pareja.

El 4 de octubre de ese mismo año, como consecuencia de estos hechos, Noelia se arrojó desde un quinto piso. Sobrevivió, pero la caída le provocó una paraplejia parcial irreversible, perdiendo movilidad y sensibilidad de cintura para abajo. A esta lesión se sumaron dolores neuropáticos, incontinencia fecal y una dependencia funcional que, según su testimonio, hicieron que su vida se convirtiera en un “calvario”.

Ya en el Instituto Guttmann de Badalona, donde recibía rehabilitación, los médicos recogieron en sus informes su deseo explícito de morir: “Ha predominado el deseo de solicitar la eutanasia”, “verbaliza que no quiere vivir”. A su diagnóstico físico se sumaban una depresión y un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), condiciones que agravaban su sufrimiento constante.

La batalla legal: el padre contra la voluntad de la hija

El 10 de abril de 2024, Noelia formalizó su petición ante la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña (CGAC). Tres meses después, el 15 de julio, los 19 miembros de la comisión aprobaron por unanimidad su solicitud, determinando que cumplía con todos los requisitos de la ley: padecía una enfermedad grave e incurable, sufría de manera constante e insoportable, y su decisión era libre y consciente.

Sin embargo, el padre de Noelia, Javier Castillo, se opuso frontalmente a la decisión de su hija. Representado por la Fundación Española de Abogados Cristianos, interpuso una batería de recursos judiciales que lograron retrasar el procedimiento casi dos años. Argumentó que el problema de fondo era psiquiátrico y que la discapacidad de su hija apenas había aumentado del 67% al 74% tras la caída, lo que, según su defensa, evidenciaba un “vacío legal gravísimo” al ofrecer la muerte asistida sin haber agotado todas las opciones terapéuticas.

El caso llegó al Tribunal Supremo, luego al Tribunal Constitucional y, finalmente, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en Estrasburgo, que solicitó una medida cautelar para frenar el proceso. El 24 de marzo de 2026, el TEDH rechazó la petición, allanando el camino para que Noelia pudiera ejercer su derecho. Un último recurso “in extremis” presentado por el padre ante un juzgado de Barcelona fue desestimado la misma mañana del jueves, horas antes de la eutanasia.

La mirada de una madre: respeto y desesperanza

En medio de la batalla legal, la figura de la madre, Yolanda Ramos, representó una posición matizada. En una entrevista concedida al programa Y ahora Sonsoles, Yolanda expresó su desacuerdo con la decisión de su hija, pero aseguró respetarla. “Si ella no quiere vivir, yo ya no puedo más”, afirmó, con la impotencia de quien se siente ajena a una decisión que, en sus palabras, estaba siendo tomada “por personas que ni siquiera la han parido”.

A pesar de su respeto, la madre no ocultó su esperanza de un cambio de última hora. “No pierdo la esperanza de que en el último momento, cuando le coloquen la vía para la sedación, ella quiera frenar todo esto y se arrepienta”, confesó entre lágrimas. Yolanda acompañó a su hija en sus últimos días, pero fue la voluntad de Noelia la que prevaleció: la joven decidió que solo el médico responsable estuviera junto a ella en el momento final.

“Quiero irme y dejar de sufrir”

Cuatro días antes de su muerte, Noelia concedió una entrevista en la que dio la cara y explicó los motivos de su decisión. Visiblemente lúcida, desmontó algunos de los argumentos esgrimidos por quienes se oponían a su voluntad: “Se dicen muchas cosas incorrectas, ignoran totalmente quién soy. No es cierto que esté postrada; yo me levanto, me ducho yo sola, me maquillo, me organizo sola”, explicó.

Sin embargo, su testimonio fue un aldabonazo sobre la naturaleza de su sufrimiento. “Dormir se me hace muy difícil. Sufro dolor de espalda, de piernas, dolor físico diario. No tengo ganas de nada, ni de salir, ni de comer. Solo descansar”, relató. La joven habló de su deseo de poner fin a lo que describió como años de “oscuridad y vacío”, y fue contundente sobre su falta de arrepentimiento: “La felicidad de un padre o una madre no tiene que estar por encima de la felicidad de una hija”.

En un gesto que resumía su determinación, Noelia eligió tres fotografías de su infancia para sostener en sus últimos momentos, un último recuerdo de los años que ella consideraba felices, antes de que el dolor se lo llevara todo.