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“Es secarte las lágrimas y seguir”: el testimonio de una comerciante tras sufrir el quinto ataque delictivo en su local

Silvana PaganiCiudadPoliciales27 junio 2026 a las 16:04

Ocurrió a las 7 de la mañana en una rotisería ubicada en la esquina de Entre Ríos y Juan José Paso. Dos delincuentes destrozaron los vidrios y cortaron las rejas, pero escaparon gracias a que un vecino detuvo su auto al ver la secuencia.

La desazón y la impotencia volvieron a adueñarse de la mañana de Patricia, una comerciante local que lleva adelante su rotisería en la intersección de las calles Entre Ríos 1405. A primera hora de este sábado,  dos delincuentes intentaron saquear con total violencia su comercio, marcando lo que ya es el quinto hecho delictivo que le toca padecer en carne propia.

El episodio se registró alrededor de las 7 h. A esa hora, un vecino que circulaba en su auto por la zona advirtió una maniobra sospechosa: un hombre oficiaba de “campana” parado en la esquina mientras otro rompía ferozmente la ventana del local. Al percatarse de que el automovilista detenía su marcha para intervenir, los malvivientes abortaron el plan y se dieron a la fuga a pie de inmediato.

Destrozos y rejas cortadas en plena luz del día

A los pocos minutos, una vecina alertó a la propietaria de la rotisería sobre lo que estaba ocurriendo. Al arribar al lugar, Patricia se encontró con un panorama desolador, aunque con el alivio de ver que el personal policial ya se encontraba trabajando junto al testigo que evitó el robo.

“Fueron destrozos. Me rompieron las dos ventanas y cortaron las rejas, pero no pudieron entrar”, relató la víctima. Los daños materiales edilicios fueron de consideración.

La cruda realidad del comercio local: “Es la quinta vez que me roban”

A pesar de los destrozos en la fachada, los delincuentes no lograron llevarse mercadería ni dinero en efectivo. Sin embargo, el impacto emocional y el desgaste psicológico calan profundo en la comerciante, quien ya posee un trágico historial de inseguridad en su emprendimiento.

“Doy gracias a Dios que no estábamos y que no robaron nada. Uno vive de esto, es secarte las lágrimas y seguir. Esta es la quinta vez que me roban, y una de esas veces fue a punta de pistola”.

El testimonio refleja el desamparo de quienes apuestan al trabajo diario y deben costear, una vez más, los arreglos de su propio bolsillo para poder levantar la persiana y seguir trabajando en la región.

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