
Las imágenes de cielos cubiertos de estelas de aviones volvieron a alimentar una vieja sospecha: que existe un plan para modificar el clima y bloquear la radiación solar. En agosto, incluso circuló la versión de que el Gobierno había utilizado geoingeniería para “tapar el sol” durante una jornada de protestas. La afirmación fue desmentida. Pero detrás de la teoría conspirativa hay una cuestión real: la geoingeniería solar existe como campo de investigación científica.
¿Quién no miró alguna vez el cielo y se preguntó qué son esas líneas blancas que quedan durante horas después del paso de un avión?
En Argentina, esa pregunta volvió a instalarse con fuerza en redes sociales. Fotografías y videos de cielos atravesados por largas estelas, días con poca presencia del sol y cambios en las condiciones meteorológicas son utilizados como supuesta evidencia de que existe una intervención deliberada de la atmósfera.
Las explicaciones que circulan son diversas. Algunas hablan de “chemtrails”, otras de geoingeniería y también aparecen referencias al proyecto HAARP. En las versiones más extremas, se afirma que los gobiernos o grupos de poder estarían utilizando aviones para liberar sustancias químicas con el objetivo de modificar el clima, provocar lluvias o sequías e incluso reducir la cantidad de radiación solar que llega a la superficie.
Pero ¿hay algo de cierto?
La respuesta requiere separar tres cuestiones que en las redes sociales suelen mezclarse: las estelas de condensación de los aviones, la geoingeniería como disciplina científica y la supuesta existencia de un programa secreto para bloquear el sol en Argentina.
La teoría dejó de ser solamente una discusión sobre fotografías del cielo y adquirió una dimensión política durante agosto de 2026.
Después de una jornada en la que se registraron lluvias, tormentas y fuertes vientos en el Área Metropolitana de Buenos Aires y otras regiones, comenzaron a circular publicaciones que afirmaban que el Gobierno había utilizado “geoingeniería” para “tapar el sol” y evitar movilizaciones durante el debate de una ley en el Senado. Algunas publicaciones también mencionaban a HAARP como responsable.
El sitio de verificación Chequeado analizó la afirmación y la calificó como falsa. Según la investigación, no existe evidencia científica de que las tecnologías de geoingeniería permitan generar lluvias a voluntad o controlar el tiempo meteorológico de una ciudad con ese objetivo. Además, el Servicio Meteorológico Nacional había emitido previamente una alerta amarilla por tormentas fuertes y vientos debido al avance de un frente frío.
El episodio demuestra, sin embargo, que la idea de que el clima puede estar siendo manipulado deliberadamente ya forma parte de las conversaciones que circulan en redes argentinas.
En junio de 2026, La Capital publicó un informe dedicado a las estelas persistentes que pueden observarse sobre la ciudad y consultó a especialistas en meteorología y aeronáutica. La nota explicó que las líneas blancas son estelas de condensación producidas por los gases de los motores de los aviones cuando el vapor de agua entra en contacto con las temperaturas extremadamente bajas de la alta atmósfera.
La meteoróloga Vanessa Balchunas explicó que las condiciones de humedad y temperatura en altura determinan cuánto tiempo permanecen visibles. Cuando el aire es seco, pueden desaparecer rápidamente. En cambio, si existe mucha humedad, pueden mantenerse durante horas, expandirse y adoptar una apariencia similar a nubes cirrus.
El piloto e instructor Gustavo Pedrol dio una explicación coincidente: a las alturas habituales de vuelo, donde las temperaturas pueden encontrarse muy por debajo de cero, el vapor de agua generado por la combustión se cristaliza y produce las características líneas blancas.
Por eso, que una estela permanezca durante mucho tiempo no constituye por sí misma una prueba de que contenga sustancias químicas añadidas deliberadamente.
¿Entonces los “chemtrails” existen?
No hay evidencia científica que demuestre la existencia de un programa secreto de fumigación atmosférica mediante aviones comerciales.
La teoría de los llamados “chemtrails” sostiene que algunas de las estelas que dejan los aviones no son simples estelas de condensación, sino productos químicos liberados deliberadamente para modificar el clima, afectar la salud o controlar a la población.
El sitio Chequeado analizó en varias oportunidades esta afirmación y concluyó que las supuestas “estelas químicas” no tienen respaldo científico. Las líneas observadas en el cielo corresponden a estelas de condensación que se forman bajo determinadas condiciones de temperatura y humedad.
La teoría, sin embargo, tiene una historia considerable en Argentina.
En la Patagonia, por ejemplo, vecinos autoconvocados comenzaron años atrás a reclamar explicaciones sobre las estelas persistentes. El CONICET Patagonia Norte registró esta preocupación y en 2018 organizó el coloquio “Estelas en el cielo”, en el que el físico y químico Rodolfo Sánchez, investigador del CONICET y profesor del Instituto Balseiro, analizó científicamente las hipótesis relacionadas con los llamados chemtrails y la supuesta fumigación con productos tóxicos.
Es decir: la preocupación social existe y está documentada. Lo que no está documentado es la existencia de las supuestas fumigaciones secretas.
Pero hay algo que sí existe: la geoingeniería
Aquí aparece la parte más compleja de la historia.
La geoingeniería climática no es una invención de las redes sociales. Es un campo real de investigación científica que estudia distintas formas de intervenir deliberadamente sobre determinados procesos del sistema climático con el objetivo de reducir los efectos del calentamiento global.
El IPCC distingue, entre otras categorías, las técnicas de remoción de gases de efecto invernadero y las destinadas a modificar la radiación solar.
La segunda categoría es la que más se parece a la idea de “tapar el sol”.
Una de las propuestas estudiadas consiste en la denominada modificación de la radiación solar (SRM), que busca aumentar la cantidad de radiación solar que es reflejada hacia el espacio. Entre las ideas más controvertidas se encuentra la posibilidad de introducir aerosoles en la estratosfera para producir un efecto de enfriamiento.
Pero hay una diferencia fundamental: que una tecnología sea estudiada no significa que esté siendo utilizada a gran escala.
La investigadora argentina Inés Camilloni, especialista en cambio climático y vinculada a investigaciones sobre geoingeniería solar, explicó a Chequeado que muchas de estas tecnologías son todavía ideas o se encuentran en fase experimental y que no existe tecnología disponible para aplicarlas a gran escala.
Por lo tanto, existe una base científica detrás de la discusión sobre la posibilidad de modificar la radiación solar, pero eso no demuestra que Argentina esté utilizando actualmente esa tecnología para bloquear el sol.
¿Las estelas pueden tener algún efecto sobre el clima?
Aquí la respuesta es más compleja
Las estelas de condensación no son simplemente líneas dibujadas en el cielo que desaparecen sin consecuencias. Cuando permanecen durante períodos prolongados, pueden expandirse y convertirse en nubes de hielo similares a cirrus.
La propia investigación científica estudia el efecto climático de estas nubes generadas por la aviación. Por eso, decir que las estelas de los aviones son completamente irrelevantes para la atmósfera sería incorrecto.
Pero de ahí a afirmar que las aerolíneas están liberando deliberadamente sustancias químicas para bloquear el sol existe un enorme salto que no está respaldado por evidencia.
Especialistas explicaron precisamente que las estelas persistentes pueden estar relacionadas con capas de humedad en la alta troposfera y que su aparición puede coincidir con cambios de tiempo o con la aproximación de sistemas frontales.
¿Y HAARP?
Otra pieza habitual de estas teorías es HAARP.
El Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia funciona como un programa científico destinado a estudiar la ionosfera.
La versión que circula en redes le atribuye capacidades mucho mayores: provocar tormentas, generar terremotos, controlar el clima o incluso modificar el comportamiento humano.
No existe evidencia científica que respalde esas capacidades.
HAARP actúa sobre la ionosfera y no sobre la troposfera, que es donde se producen las lluvias, tormentas y la mayor parte de los fenómenos meteorológicos cotidianos.
Por eso, HAARP tampoco puede ser presentado como una explicación científica de los cielos nublados o de las lluvias que se registran en Argentina.
Las redes sociales amplifican una vieja teoría
Las imágenes de cielos atravesados por líneas blancas tienen una enorme capacidad de viralización porque muestran un fenómeno real: las estelas existen y en determinadas condiciones pueden permanecer durante horas.
El problema aparece cuando la imagen se utiliza como prueba de una explicación que no está demostrada.
la circulación de estas teorías en TikTok, Facebook y otras plataformas. En 2023, por ejemplo, registró videos sobre geoingeniería que alcanzaron cientos de miles de reproducciones y que sostenían que el clima mundial estaba siendo manipulado deliberadamente.
La narrativa volvió a aparecer en situaciones concretas.
Después del temporal que afectó a Bahía Blanca en marzo de 2025, circularon publicaciones que atribuían las inundaciones a los supuestos chemtrails. Se determinó que esa afirmación era falsa.
Y en agosto de 2026 volvió a ocurrir algo similar, esta vez con una acusación política concreta: que el Gobierno había utilizado geoingeniería para “tapar el sol” y evitar movilizaciones. También fue desmentida.
Entonces, ¿están haciendo algo para que no salga el sol en Argentina?
Hasta el momento, no hay evidencia confiable de que exista en Argentina un programa secreto destinado a bloquear el sol mediante aviones, aerosoles o geoingeniería.
Lo que sí está comprobado es bastante más complejo.
Las estelas de condensación existen. Se producen por las condiciones atmosféricas que encuentran los aviones a gran altura y pueden permanecer durante horas cuando hay suficiente humedad.
También existe la geoingeniería como área de investigación científica. La modificación de la radiación solar es una propuesta real que se estudia en distintos ámbitos científicos, aunque presenta importantes interrogantes ambientales, políticos y éticos y no existe actualmente una tecnología disponible para aplicarla a escala planetaria, regional o local con el propósito de controlar el tiempo a voluntad.
Y existe, además, una creciente circulación de teorías en redes que mezclan estos fenómenos reales con afirmaciones para las que no se ha encontrado evidencia: fumigaciones secretas, sustancias químicas en los aviones, control del clima, HAARP y supuestos planes para reducir la radiación solar.
La diferencia entre esas tres cosas es fundamental.
Porque una cosa es preguntarse qué efectos puede tener la aviación sobre la atmósfera o qué riesgos tendría algún día una eventual geoingeniería solar.
Otra muy distinta es afirmar que alguien está utilizando actualmente aviones para impedir que salga el sol sobre Argentina.
Hasta ahora, la primera cuestión es objeto de investigación científica; la segunda no está demostrada.