
La Armada Argentina y los Estados Unidos sellaron una alianza estratégica fundamental para la defensa de los recursos nacionales. A través de una Carta de Intención firmada en la Base Aeronaval Comandante Espora, ambos países pusieron en marcha un programa de cooperación militar orientado al fortalecimiento de las capacidades de vigilancia y control de los espacios marítimos. La iniciativa, con una duración de cinco años, prevé la transferencia de tecnología de vanguardia, entrenamiento especializado y la incorporación de nuevas plataformas aéreas, con el objetivo de combatir la pesca ilegal y salvaguardar la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina.
El convenio, confirmado tanto por el gobierno argentino como por la Embajada de Estados Unidos, fue rubricado por el almirante Juan Carlos Romay, en representación de la Armada Argentina, y el contraalmirante Brandon Sardiello, por parte de la IV Flota estadounidense. Este programa se enmarca en la asistencia del Departamento de Defensa de los Estados Unidos bajo la Sección 333, un mecanismo diseñado para equipar y entrenar a fuerzas armadas extranjeras ante desafíos de seguridad compartidos.
El pilar central de esta iniciativa es la provisión de dos aeronaves Textron B-360ER MPA completamente nuevas, configuradas específicamente para misiones de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (ISR). Estas aeronaves turbohélice de mediano alcance incluirán radares de búsqueda de superficie, sensores infrarrojos, sistemas de identificación automática de buques (AIS) y enlaces de datos satelitales. Según el cronograma previsto, la primera unidad tiene programado su arribo para diciembre de este año, mientras que la segunda se incorporará a mediados de 2027.
Además de las aeronaves, el acuerdo contempla la modernización de las capacidades actuales, incluyendo la integración del sistema electroóptico Wescam MX-10 en el Beechcraft B-200M Cormorán, una tecnología que permite la detección de alta definición para el seguimiento de embarcaciones. Asimismo, el programa prevé la llegada de drones capaces de operar desde los patrulleros oceánicos de la Armada y un simulador de vuelo destinado a las plataformas P-3C Orión, optimizando así las tareas de monitoreo sobre el Atlántico.
La puesta en marcha de este programa es una respuesta directa a una de las mayores amenazas estratégicas sobre el caladero argentino: la depredación por parte de flotas pesqueras extranjeras, especialmente buques provenientes de China que operan en el límite de la milla 200. El incremento de las capacidades de vigilancia y el uso de sistemas integrados de comando y control permitirán un monitoreo constante sobre las aguas jurisdiccionales, un paso clave dentro de la estrategia hemisférica de seguridad marítima que impulsa Washington en la región.
Este avance se da en un contexto de estrecha cooperación entre Buenos Aires y Washington, impulsado por la gestión del presidente Javier Milei. La consolidación de esta agenda de defensa, que incluye el fortalecimiento de la inteligencia y el entrenamiento militar conjunto, ha sido una prioridad para la actual administración. Fuentes oficiales recalcaron que las aptitudes de monitoreo que brindará este acuerdo estarán dedicadas exclusivamente a aguas bajo control nacional, excluyendo las áreas en disputa con el Reino Unido en torno a las Islas Malvinas.
