
Los dos fuertes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el miércoles por la noche han dejado una cifra devastadora. Este viernes, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, informó que el balance oficial asciende a al menos 920 fallecidos, 3.360 heridos y más de 50.000 personas desaparecidas, cuyos familiares recorren hospitales y centros de búsqueda con la esperanza de dar con su paradero.
El estado costero de La Guaira es el más afectado por la tragedia. Ante la emergencia, las autoridades venezolanas desplegaron operativos de rescate, reparto de insumos y asistencia en los hospitales, al mismo tiempo que la ayuda humanitaria procedente de distintos países comienza a llegar al país. Como medida excepcional, la mandataria ordenó este viernes la militarización de La Guaira para agilizar las tareas de control y distribución.
En la capital, Caracas, la angustia se vive a las puertas de los principales centros de salud. Decenas de familiares acuden al Hospital Vargas y al Hospital Doctor Domingo Luciani, en el oeste y este de la ciudad, respectivamente, para intentar localizar a sus parientes. El personal sanitario ha colocado listas en las entradas con los nombres de los pacientes ingresados por emergencia y aquellos que ya fueron estabilizados y trasladados a hospitalización.
La magnitud de la crisis se refleja en el ritmo de llegada de las ambulancias. En el Hospital Domingo Luciani, los vehículos de emergencia arribaban cada dos minutos aproximadamente, casi todos con heridos provenientes de La Guaira. Paralelamente, el personal de este centro sanitario cargaba un camión con donaciones de agua, alimentos y ropa con destino a la costa devastada.
Sobre el perfil de los lesionados, la enfermera Yusmery Álvarez detalló a EFE que la mayoría de los pacientes ingresados presentan traumatismos en la parte inferior del cuerpo y en el cráneo, lo que evidencia la violencia de los movimientos telúricos que azotaron al país.