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Confirmaron la condena de Marta, la madre del narco Walter “Viejo” González

Anabela TramontiniActualidadJudiciales23 julio 2026 a las 20:13

La condena a Marta Mabel González confirma judicialmente lo que se sospechaba hace años: la organización narcocriminal de barrio Copello, en Capitán Bermúdez, es una empresa familiar que no se detiene ni con su jefe preso.

La Justicia de Santa Fe homologó este jueves 23 de julio de 2026 la condena contra Marta Mabel González, alias “La Mabel”, de 57 años, acusada de integrar la asociación ilícita que, según la Fiscalía, comanda desde la cárcel su hijo Walter Francisco González, alias “El Viejo”, de 40 años. La pena, de cuatro años de prisión, fue acordada entre la fiscalía y la defensa mediante un procedimiento abreviado y homologada por el juez Rafael Coria. El fiscal Alejandro Carón le atribuyó el delito de asociación ilícita agravada por la participación de menores de edad, en carácter de miembro de la organización.

Según la investigación, Marta González cumplía un rol operativo clave: administraba y organizaba los búnkeres que la banda explotaba principalmente en el humilde barrio Copello, de Capitán Bermúdez, desde donde se obtenía el dinero que financiaba el resto de las actividades criminales. La Fiscalía sostiene que utilizaba su propia vivienda como centro de reuniones de los integrantes de la organización, y que coordinaba el funcionamiento de las bocas de expendio de droga. Su participación en esta causa puntual terminó el 20 de agosto de 2025, cuando fue detenida en una serie de allanamientos.

La causa sostiene que la asociación ilícita operó, al menos en los términos formales de esta investigación, entre julio de 2023 y agosto de 2025, con alcance en Capitán Bermúdez, Rosario, San Lorenzo y Carcarañá, y con una estructura de mando basada enteramente en vínculos familiares: de acuerdo a la Fiscalía, Walter González seguía impartiendo órdenes desde su celda a través de las visitas que recibía y de otros internos, con la colaboración de su pareja, Joana Soledad Rodríguez, y de su propia madre, quienes transmitían esas directivas al resto de la organización.

Un jefe que ya acumulaba dos condenas

La causa que hoy sumó a “La Mabel” no es la primera contra Walter Francisco González, y ese antecedente es clave para entender la magnitud del caso. “El Viejo”, alojado en el pabellón de alto perfil de la cárcel de Piñero, ya había sido condenado en 2020 a 20 años de prisión por comandar otra banda vinculada a tres homicidios en el Cordón Industrial, además de contar con una condena federal previa por narcotráfico.

Y la prisión no lo detuvo. Según la Fiscalía, desde su celda ordenó, como represalia por el endurecimiento de las condiciones de detención dispuesto por la provincia para los presos de alto perfil, dos ataques de fuerte impacto público ocurridos en 2024:

2 de marzo de 2024: Un tiroteo contra un colectivo de la empresa Laguna Paiva que trasladaba agentes del Servicio Penitenciario, sobre avenida Circunvalación a la altura de barrio Rucci. Dos gatilleros dispararon desde un auto con intención de matar; uno de los proyectiles pasó a centímetros de la cabeza de un agente. Tras la balacera, los atacantes dejaron un cartel con amenazas vinculadas a los presos de alto perfil.
24 de enero de 2024: un intento de atentado a tiros contra un bar de barrio La Florida, en Rosario. Dos sicarios llegaron en moto, arrojaron un mensaje mafioso e intentaron abrir fuego contra el local, pero el ataque no se concretó porque el arma se trabó. La escena quedó registrada por las cámaras de seguridad del comercio, mostrando a los clientes escapar desesperados.

Para los investigadores, ambos hechos formaron parte de una misma estrategia de intimidación pública ordenada por González desde la cárcel.

Quiénes son los González: la genealogía de una mafia de barrio Copello

Para entender cómo una familia terminó al mando de una de las estructuras narcocriminales más persistentes del departamento San Lorenzo, hay que retroceder más de una década.

El origen (2014). El 2 de noviembre de ese año fue asesinada de un balazo la joven Analía “Any” Rivero, de 18 años, en la puerta de un boliche de Capitán Bermúdez. Por ese crimen fue condenado Brian “El Gordo” Jesús González, sobrino de Walter. El hecho destapó por primera vez la existencia de dos organizaciones familiares que hasta entonces convivían bajo un pacto de paz y comercialización conjunta en el barrio Copello: “Los González” y la histórica “Los Ríos”. Ese pacto se rompió, y desde entonces la disputa territorial no se detuvo.

La consolidación de “El Viejo” (2018-2019). En 2018 fue asesinado Juan Ramón Ríos, alias “Juanse”, jefe hasta ese momento de ambos grupos. Su muerte reconfiguró el mapa de poder: en 2019 fue asesinado también Daniel “Tubi” Medina, suegro de Ríos, un crimen por el cual Walter Francisco González fue condenado como instigador y consolidado como jefe de la asociación ilícita.

La estructura familiar como método. Alrededor de Walter González se fue tejiendo una red que no distingue entre organización criminal y núcleo familiar:

Su pareja, Joana Soledad Rodríguez, imputada por integrar la asociación ilícita y por tentativa de extorsión, sufrió un ataque a balazos en su propia vivienda.
Su hermana, Dana González, hallada responsable de reclutar jóvenes como “soldaditos” para la venta de droga.
Su madre, Marta Mabel González, hoy condenada, quien —según la Justicia— administraba los puntos de venta y oficiaba de nexo operativo mientras su hijo estaba preso.
Su sobrino, Brian Jesús González, también privado de su libertad, condenado por el crimen de Any Rivero en  2014.

Los “gatilleros” de la organización. Debajo de la cúpula familiar, la banda se sostuvo históricamente en ejecutores materiales reclutados de otras estructuras menores. El caso más ilustrativo es el de los hermanos Gerber: Héctor Germán Gerber, señalado como uno de los “gatilleros” del entorno de La Mabel, venía de otra banda que operaba al norte de Rosario, liderada por un hombre conocido como “Dany” Godoy, antes de sumarse a la órbita de los González. Su hermano, Alejandro Ramón Gerber, radicado en el barrio Posta, también aparece vinculado a la red de comercialización de la organización.

 En el caso de Héctor Germán Gerber, señalado como uno de los “gatilleros” del entorno de La Mabel, venía de otra banda que operaba al norte de Rosario, liderada por un hombre conocido como “Dany” Godoy, antes de sumarse a la órbita de los González. Su nombre quedó especialmente resonante por un hecho ajeno a Capitán Bermúdez: la tentativa de homicidio de Brenda Giles, ocurrida el 4 de agosto de 2023 en la ciudad de San Lorenzo, en el cruce de las calles Bolivia y Falucho. Ese día, Giles —una mujer de 32 años— fue embestida por atrás con un auto mientras esperaba en un semáforo; cuando bajó a constatar los daños, recibió un disparo que le entró por el pómulo y le salió detrás de la oreja, en un intento de robarle el vehículo. La víctima quedó internada de gravedad, perdió gran parte de su volumen de sangre y sobrevivió de milagro. El hecho generó una fuerte movilización vecinal que llegó a cortar durante 17 horas la autopista Rosario-Santa Fe, reclamando mayor presencia policial en San Lorenzo.

Gerber permaneció prófugo durante dos meses y medio hasta ser detenido en un allanamiento realizado, esta vez sí, en Capitán Bermúdez. La Fiscalía lo imputó por tentativa de homicidio criminis causa, además de tentativa de evasión y portación ilegítima de arma de fuego, ya que al momento de su detención tenía en su poder dos pistolas. También pesaba sobre él un pedido de la fiscalía de Rosario, que lo señalaba como sospechoso del homicidio de un vendedor de autos ocurrido meses antes en la zona norte de esa ciudad. En la misma causa por el ataque a Brenda Giles, quedó imputado con prisión preventiva un comerciante de Capitán Bermúdez de apellido Vallina, señalado como partícipe del hecho. Gerber fue finalmente condenado mediante un procedimiento abreviado a 16 años de prisión por tentativa de homicidio criminis causa, evasión en grado de tentativa, tenencia ilegítima de armas de fuego y encubrimiento agravado por ánimo de lucro.

Su hermano, Alejandro Ramón Gerber, radicado en barrio Posta, también aparece vinculado a la red de comercialización de la organización que se expandió hacia esa zona de Capitán Bermúdez.

La expansión territorial. Durante años, la actividad se concentró casi con exclusividad en barrio Copello, pero desde 2024 distintas causas judiciales muestran un desplazamiento hacia barrio Posta, con nuevos nombres y nuevos puntos de venta, en cercanías de donde se cometió un triple homicidio en enero de ese mismo año.

El contexto más amplio: un territorio ya no solo de los González

La condena de hoy llega en un momento en que Capitán Bermúdez ya no es un territorio de exclusividad familiar. En los últimos dos años, distintas investigaciones muestran la aparición de actores nuevos:

En 2025, la Policía Federal desarticuló una red de venta de droga que usaba comercios de barrio —una gomería y un kiosco— como fachada, con ocho detenidos.
Un megaoperativo federal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, en articulación con la Procuraduría de Narcocriminalidad, realizó 29 allanamientos en Rosario, Capitán Bermúdez y otras localidades del sur santafesino, deteniendo a 13 personas vinculadas a una organización con conexiones directas con “Los Monos”, la principal estructura narcocriminal de Rosario —la primera evidencia concreta de que redes ajenas a los González están utilizando el territorio como punto de distribución.

Detuvieron a cinco miembros de una banda de sicarios que sería liderada por Walter “el viejo” González.

En julio de 2026, el secuestro y homicidio del joven Gastón Montenegro, con captores oriundos de la localidad, confirmó que el corredor narco que une a Capitán Bermúdez con esa localidad y con Granadero Baigorria sigue activo, más allá de los apellidos históricos.

La condena a Marta Mabel González no cierra un capítulo: lo confirma judicialmente. Muestra que la estructura de los González nunca dependió de un único líder libre, sino de una red familiar capaz de sostener el negocio —y de ordenar ataques de alto impacto, incluso contra el propio Servicio Penitenciario— aun con su cabeza visible tras las rejas desde hace años. Al mismo tiempo, mientras la justicia desmantela pieza por pieza a esa vieja mafia de barrio, el territorio que supieron controlar en soledad hoy se disputa con actores de mayor escala regional, en un proceso de recomposición criminal que está lejos de haber terminado.

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