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Consternación en Andino por el crimen de Juancito

A Juan Mario Ferreyra lo amenazaron y lo mataron en la puerta de su casa de Moreno al 900 delante de sus sobrinos.

Pasaron doce años para que en Andino tuviera un homicidio. Juan Mario Ferreyra, “Juancito” o Chavicho” para sus conocidos, fue ejecutado con una pistola calibre 9 milímetros este martes a la noche en la puerta de su casa de Moreno al 900 delante de dos de sus sobrinos.

Una de las hipótesis de la investigación, en manos del fiscal de San Lorenzo Carlos Ortigoza, es que el crimen se produjo por una deuda en el marco del narcomenudeo. Vecinos de la cuadra indicaron que seis horas antes de ser asesinado Ferreyra fue amenazado por un soldadito que regenteaba las pocas bocas de expendio en la pequeña localidad. Horas más tarde el mismo soldadito llegó, señaló a Juancito al sicario que lo acompañaba y éste, sin titubear, sacó una pistola 9 milímetros y le disparó cinco veces desde corta distancia. Por el crimen hay dos detenidos.

“Obvio que el pueblo está conmocionado. Si bien hemos crecido y hoy seremos unos 5 mil vecinos, este tipo de hechos no son habituales. Mataron un hombre a balazos. Eso no se ve en Pueblo Andino. Después está claro que estamos en un corredor de venta de droga que comienza en San Lorenzo, Puerto San Martín y llega hasta Serodino. Droga hay hace diez o doce años. Se han encontrado cocina de cocaína en un campo de Serodino (agosto de 2019). Hay gente que ha venido y se instaló en algún complejo de cabañas para hacer delivery. Pero esto es otra cosa. Es un asesinato mafioso a sangre fría a 200 metros de la plaza del pueblo y a 300 del arco de ingreso”, explicó uno de los vecinos del pueblo.

Otro antecedente que se le podría agregar a la reflexión de este vecino, fue la captura en agosto de 2018 de Facundo A., alias “Lapo”, casero de la quinta Los Muchachos, ubicada en Piñero, propiedad de Esteban Lindor Alvarado donde estuvo retenido el prestamista Lucio Maldonado, secuestrado y asesinado en noviembre de 2018.

Un pueblo ideal. Pueblo Andino, o Andino a secas como se acostumbra decir, es un pueblo de 110 años cumplidos en noviembre pasado. La ruta 10 parte al pueblo en dos. Al sur la zona más antigua o tradicional. Al norte los barrios que se fueron construyendo en las últimas décadas. “Andino es un pueblo que en temporada de verano triplica su población con la llegada de turistas de cercanía”, explicó un vecino de la localidad. “Andino es un pueblo lindo para vivir, aunque ya no es lo que era antaño. Hoy ya no se puede dejar una bicicleta en la vereda o una moto, porque te la roban. Pero son cosas menores, pensando en lo que pasa en Rosario. El crimen de este pibe nos sobresaltó a todos. Nadie en el pueblo está preparado para esto”, indicó una vecina.

“Juancito” vivía en una casa humilde ubicada sobre Moreno, una calle con mejorado, entre Sarmiento y San Martín. Lo que en el pueblo se conoce como “El casco”. Tenía 3 pequeñas hijas de 2, 3 y 6 años. Sus allegados lo definieron como un busca vidas que changueaba cortando el césped, podando árboles o ayudando como albañil. “En el pueblo decían que era medio choro, pero no de robos a mano armada”, explicó un residente. Una de las hipótesis sobre las que trabaja el fiscal Ortigoza es que en el corto tiempo es que “Juancito” se había volcado al narcomenudeo regenteado por un soldadito nativo de Andino que custodiaba los intereses de una de las marcas de venta de droga mas representativas de la región. Y en ese ingreso a mundo despiadado y sin escrúpulos, habría cometido el error de “deber” o “robar” mercancía.

Según se pudo establecer el miércoles a la hora de la siesta, “Juancito” estaba sentado sobre los yuyos de la vereda de su casa, a la sombra de un sauce llorón cuando frente a él se estacionó un Volkswagen Gol color gris. Del auto se bajaron dos personas. Para los investigadores eran Nicolás L., de 26 años, y Maximiliano S., de 24, ambos domiciliados en Andino. La voz cantante la llevó S., quien fue sindicado por los investigadores como soldadito. Hubo en una discusión en la que algunos vecinos sólo escucharon “vos nos robaste”. Ferreyra no les dio importancia y el dúo de apretadores se fue como habían llegado.

El sicario. La escena volvió a repetirse alrededor de las 21. “Juancito” seguía sentado, esta vez en el cordón de la vereda, una señal de que no interpretó la gravedad de la amenaza previa. En lugar de un auto, llegaron dos. Haciendo punta el Volkswagen Gol color gris y por detrás un Ford EcoSport color gris. Ambos se estacionaron frente a “Juancito”, solo que esta vez nadie bajó del Gol gris. Del EcoSport “bajó un tipo con una pistola en la mano; fue directamente donde estaba «Juancito» y sin darle tiempo a nada comenzó a dispararle. Todo eso delante de los sobrinos que estaban sentados a unos pocos metros. Fue aterrador ver como el nene de 12 años agarraba a su hermanito de dos o tres años para cubrirlo de los balazos. Una vez que le pegó cinco o seis balazos, se subió al auto y se fueron”, indicó un vecino. “No pude dormir en toda la noche”, fue lo único que se le escuchó balbucear al nene testigo.

La Capital

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