
El Consejo de Niños de San Lorenzo se propuso investigar de dónde sale el agua que toman todos los días. Para sacarse la duda, viajaron a una planta potabilizadora y descubrieron el complejo proceso que hay detrás de cada vaso que se sirve en la mesa.
La curiosidad infantil suele ser el motor de las mejores preguntas, esas que los adultos muchas veces naturalizan. Esto fue lo que pasó en San Lorenzo, donde los integrantes del Consejo de Niños plantearon una duda básica pero fundamental: ¿de dónde viene el agua que tomamos todos los días en la ciudad? Lejos de quedarse solo con la teoría, los chicos impulsaron su propia investigación de campo.
El último fin de semana, el grupo cambió la rutina, se subió a un colectivo en el Parador Turístico y viajó hasta una de las plantas de Aguas Santafesinas (ASSA) para ver con sus propios ojos el circuito completo del servicio, desde que el agua se saca del río Paraná hasta que se distribuye por la red.
Por una cuestión de infraestructura y seguridad para recibir visitas, el contingente fue recibido en la planta del barrio Arroyito, en Rosario. Aunque el agua que se consume puntualmente en San Lorenzo se produce en el Acueducto Gran Rosario (ubicado en Granadero Baigorria), el funcionamiento técnico es un calco.
Durante la recorrida, los chicos pudieron dimensionar el trabajo científico y operativo que requiere el proceso: la captación, las etapas de filtrado, la potabilización y el control de calidad. La experiencia les sirvió para entender que abrir la canilla y que salga agua limpia no es magia, sino el resultado de un engranaje complejo de ingeniería.
De la actividad también participaron padres, coordinadoras del taller de Niños Consejeros, Mariela Chile y Viviana Bastasin, y algunos funcionarios locales, como el concejal Hernán Ore y la subsecretaria Giovana Arduino, quienes acompañaron el itinerario propuesto por los propios menores.
Más allá del aprendizaje técnico, la movida dejó en claro el valor de darles voz a las infancias. Los chicos del Consejo demostraron que no solo les interesa el lugar donde viven, sino que están listos para entender cómo funcionan los servicios esenciales, convirtiéndose en los primeros defensores del cuidado de los recursos naturales en sus casas y escuelas.
