
La decisión del Ministerio de Defensa de adquirir los fusiles israelíes ARAD no solo implica un cambio de proveedor, sino el cierre de un capítulo fundamental de la industria militar argentina. Con la firma del contrato con Israel, la emblemática Fábrica Militar Fray Luis Beltrán, el histórico taller que por décadas produjo el Fusil Automático Ligero (FAL), deja de ser el corazón del armamento individual de las Fuerzas Armadas.
Ubicada en Fray Luis Beltrán, la fábrica tiene sus raíces a principios del siglo XX. Si bien la planta fue establecida formalmente en 1955 bajo el nombre de «Fábrica Militar San Lorenzo» (adoptando su denominación actual en 1961), el predio donde se asienta proviene de instalaciones militares mucho más antiguas, con orígenes que se remontan a 1926.
Fue en estos talleres donde el FAL, diseñado originalmente por la empresa belga FN Herstal, adquirió su identidad argentina. El Ejército adoptó oficialmente el fusil en 1958, y durante la década de 1960, la Fábrica Militar Fray Luis Beltrán comenzó a producir en masa el arma que se convertiría en un símbolo del equipamiento castrense nacional. Durante más de medio siglo, la planta no solo ensambló fusiles, sino que también produjo munición calibre 7,62 mm y lideró proyectos de modernización del FAL, como la entrega en 2018 de los primeros lotes de fusiles actualizados.
El FAL, estuvo presente en prácticamente todos los despliegues militares del país, siendo el arma de las tropas argentinas durante la Guerra de Malvinas en 1982. Su robustez y confiabilidad lo convirtieron en un ícono de la industria de defensa nacional.
Sin embargo, el acuerdo firmado a fines de junio por el ministro Carlos Presti con Israel Weapon Industries (IWI) marca el inicio del reemplazo progresivo. La primera compra de 700 fusiles ARAD 7 y 167 dispositivos de fogueo, por 1,73 millones de dólares, comenzará a llegar en las próximas semanas. El plan prevé una ventana de tres años para ampliar la compra hasta los 12 millones de dólares, incorporando también el modelo ARAD 5.
El fin de la producción del FAL en Fray Luis Beltrán no solo representa un cambio tecnológico, sino también un golpe para la capacidad productiva nacional. La fábrica, que en la década de 1990 estuvo bajo amenaza de privatización durante el gobierno de Carlos Menem y que hoy se especializa en chalecos balísticos y diversos calibres de munición, pierde su producto más emblemático. El reemplazo del fusil que vistió a generaciones de soldados argentinos, y que fue sinónimo de la industria militar del país, se consuma con la llegada de un arma de origen israelí, fabricada en Medio Oriente.