El secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (SOEPU), Mauricio Brizuela, aseguró que el cierre de la planta de caucho sintético de Pampa Energía representa un nuevo golpe para la industria nacional y advirtió que el impacto será mucho mayor que la pérdida de unos 200 puestos de trabajo directos.
Desde la puerta de la planta de Puerto General San Martín, el dirigente confirmó que la empresa comunicó el cese definitivo de la producción de la única fábrica de caucho sintético del país y comenzó a convocar a los trabajadores para ofrecerles acuerdos individuales de desvinculación.
“La verdad es que es triste. Nos estamos enterando junto con los compañeros y el panorama es desolador”, afirmó.
Brizuela sostuvo que el desenlace era previsible porque la planta llevaba más de una semana paralizada por la falta de materia prima proveniente de Brasil. Sin embargo, señaló que la decisión empresarial terminó de confirmar los peores temores del gremio.
“Para nosotros es un déjà vu de lo que pasó con Dow. Ya vivimos este proceso y sabemos cómo termina”, lamentó.
El dirigente atribuyó la crisis a una combinación de factores: la caída de la demanda local tras la reducción de actividad de Fate y otros fabricantes de neumáticos, la apertura de las importaciones, la baja de los precios internacionales y el aumento de los costos en dólares.
“Es un combo explosivo”, resumió.
Según explicó, hace meses que la producción destinada al mercado interno prácticamente desapareció y la mayor parte del caucho se exportaba con márgenes mínimos o nulos.
Brizuela sostuvo que el cierre no solo afectará a los trabajadores de la planta, sino también a toda la cadena industrial vinculada al caucho.
“Esta es la tercera empresa que deja de producir. Y esto va a seguir aguas abajo. Hay varias pymes que dependen de esta producción y también van a sufrir las consecuencias”, advirtió.
El secretario general también cuestionó la falta de respuestas del Estado para preservar una actividad que consideró estratégica.
“Le pedimos ayuda a dirigentes políticos de todos los sectores para que no se perdiera esta producción tan importante. No hay una política para defender la industria”, afirmó.
En ese sentido, criticó que no se hayan implementado medidas transitorias para aliviar la carga impositiva mientras el sector atravesaba la crisis.
“Por lo menos durante un año podrían haber suspendido Ingresos Brutos. No hubo ninguna línea para defender la única productora de caucho del país”, cuestionó.
Brizuela describió además el impacto humano que atraviesan los trabajadores, muchos de ellos con décadas de antigüedad y escasas posibilidades de reinsertarse en el mercado laboral.
“Hay compañeros con 30 o 40 años de fábrica. Dejaron su vida acá adentro y todavía les faltan cuatro o cinco años para jubilarse. Es muy difícil que vuelvan a conseguir un trabajo similar”, sostuvo.
También expresó su preocupación por el perfil de los empleos que se pierden.
“Son trabajos de calidad, con salarios de entre tres millones y medio y cuatro millones de pesos, con obra social, comedor, transporte, vacaciones y estabilidad laboral. Esos empleos hace años que no se generan en la Argentina”, afirmó.
El dirigente comparó la situación con la desindustrialización de la década del noventa.
“Esto es un déjà vu de los ’90, pero mucho más rápido. Estas plantas tienen más de 50 años y, cuando cierran, no se recuperan más”, advirtió.
Finalmente, Brizuela cuestionó el contraste entre el cierre de la planta y el anuncio realizado por Pampa Energía sobre una millonaria inversión en Bahía Blanca.
“Nos hablan de una posible reubicación, pero hoy eso es una zanahoria que ponen adelante y no tiene ninguna claridad”, concluyó.
Mientras continúan las negociaciones, el gremio espera que el Ministerio de Trabajo provincial intervenga para intentar frenar las desvinculaciones y abrir una instancia de diálogo con la empresa.