
Molinos Agro y ACA invertirán más de US$500 millones en una nueva planta para procesar soja. Un especialista explicó por qué la baja de las retenciones puede cambiar las decisiones de los productores.
El proyecto será desarrollado por Molinos Agro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y contempla una planta con capacidad para procesar hasta 15.000 toneladas de soja por día. La construcción demandaría alrededor de tres años.
La ubicación no es casual: Timbúes forma parte del principal corredor agroexportador del país y cuenta con una infraestructura portuaria clave para el movimiento de granos y derivados.
Pero detrás de la inversión hay otro dato importante: la soja podría volver a resultar más atractiva para los productores frente al maíz, debido al cambio en las retenciones.
¿Por qué importan las retenciones?
El consultor en agronegocios Javier Preciado Patiño, en diálogo con Cadena 3 Rosario, explicó que actualmente la soja paga un 24% de derechos de exportación, mientras que el maíz tiene una alícuota del 8,5%.
Eso genera una diferencia de 15,5 puntos porcentuales entre ambos cultivos.
¿Y por qué es importante? Porque soja y maíz compiten por las mismas tierras. Es decir, cuando un productor decide qué sembrar, también tiene en cuenta cuánto termina recibiendo por cada cultivo después de impuestos y costos.
Preciado Patiño recordó que esta diferencia no siempre fue igual. Antes de diciembre de 2015 era de aproximadamente 15 puntos. Durante el gobierno de Mauricio Macri llegó a 30 puntos, ya que la soja tenía una retención del 30% y el maíz no pagaba derechos de exportación.
Según el especialista, durante ese período alrededor de cuatro millones de hectáreas pasaron de soja a maíz.
Ahora, con una diferencia que vuelve a ubicarse cerca de los 15 puntos, el escenario podría favorecer nuevamente a la soja.
Una nueva planta después de más de una década
El anuncio de Timbúes también tiene un significado particular para la industria aceitera.
Según explicó Preciado Patiño en Cadena 3 Rosario, hacía alrededor de 12 años que no se anunciaba en Argentina una nueva planta de procesamiento de soja de esta escala.
La nueva instalación será construida en un predio de ACA y aprovechará infraestructura portuaria ya existente. Molinos Agro tendrá una participación mayoritaria del 65% en el proyecto.
La planta permitirá aumentar en aproximadamente un 50% la capacidad de procesamiento de soja de Molinos Agro.
Para el especialista, esto muestra que las empresas están mirando no solamente el negocio industrial, sino también la posibilidad de que en los próximos años haya más soja disponible para procesar.
Sin embargo, Preciado Patiño advirtió que bajar las retenciones no alcanza por sí solo para que la Argentina produzca más soja.
Uno de los principales desafíos es mejorar el rendimiento de los cultivos.
El especialista comparó la situación argentina con la de Brasil y señaló que el país vecino viene incorporando muchas más variedades nuevas de soja. Según los datos mencionados durante la entrevista, en los últimos tres años se registraron 112 nuevas variedades en Brasil frente a apenas siete en Argentina.
La diferencia tiene que ver, entre otros factores, con las condiciones para que las empresas inviertan en investigación y desarrollo de nuevas semillas y tecnologías.
En términos simples: si Argentina logra que el productor tenga mejores semillas y tecnología, puede obtener más toneladas de soja de la misma superficie sembrada.
¿Qué puede significar para la región?
La nueva planta de Timbúes no solo representa una inversión industrial. También puede tener impacto sobre toda la cadena relacionada con la soja: productores, transportistas, acopios, puertos, industrias y empresas vinculadas a la exportación.
El proyecto se suma además a otras inversiones recientes en el procesamiento de oleaginosas en la zona. En enero de este año, Louis Dreyfus Company puso en funcionamiento en Timbúes una nueva línea para procesar semillas con alto contenido de aceite, entre ellas girasol, canola y otras oleaginosas.
La expectativa, entonces, es que el nuevo escenario impositivo y las inversiones industriales puedan generar un círculo virtuoso: más incentivos para sembrar soja, más producción y mayor capacidad para procesarla en la Argentina.
Pero para que eso ocurra, todavía queda un desafío clave: recuperar productividad y facilitar el acceso de los productores a nuevas tecnologías.