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Sofía Delgado a dos años de su femicidio: “nadie la iba a reclamar”

Anabela TramontiniOpinión, Actualidad, Ciudad30 octubre 2026 a las 16:29

Sofía Delgado tenía 20 años y salió de su casa en San Lorenzo la noche del 30 de octubre de 2024. Esa noche no volvió. Hoy se cumplen dos años.

Dos años son muchas cosas. Son dos cumpleaños que su familia atravesó sin ella, dos fines de año con una silla vacía, setecientos y pico de días en los que una causa judicial avanzó a paso de audiencia mientras el duelo seguía a paso de vida. Y siguen siendo, para quienes la quisieron, lo que fueron desde el primer día: una pregunta sin respuesta posible.

Porque lo primero que vino fueron quince días de esos que no se cuentan en calendario, sino en teléfonos que no suenan, en puertas que se abren por si es ella, en una ciudad que empieza a mirar distinto cada auto, cada camino, cada galpón. Quince días en los que una familia aprendió a vivir en suspenso, que es la forma más cruel de la espera.

El 15 de noviembre la espera terminó de la peor manera. Su cuerpo apareció en una zanja del Camino de la Cremería, en Ricardone, dentro de una bolsa. Según la investigación, había sido asesinada la misma noche en que desapareció, en un galpón de Puerto San Martín. La autopsia habló de asfixia mecánica. Y el fiscal Carlos Ortigoza dijo algo que cuesta escribir y más todavía entender: que la mataron por placer.

Por placer. Hay que detenerse en esas dos palabras. No hubo una discusión que se fue de las manos ni un arrebato. La fiscalía sostuvo que fue un crimen pensado, con búsquedas previas, con mensajes entre los imputados donde hablaban de “descargar la ira”. Y hay una frase, atribuida a esas conversaciones, que debería quedarnos clavada como sociedad: que nadie la iba a reclamar.

Eligieron a Sofía, según la acusación, porque la creyeron sola. Porque pensaron que su ausencia no iba a pesar. Eso es un femicidio: no solo el acto de matar a una mujer, sino la convicción previa de que su vida es descartable, de que puede desaparecer sin costo. Es una idea que se aprende, se cultiva y se comparte, y que encuentra en la soledad y la vulnerabilidad de una mujer el terreno donde animarse.

Se equivocaron. Sofía fue reclamada por su familia, por quienes la buscaron sin conocerla, por las marchas que pidieron justicia con su nombre. Pero conviene no consolarnos demasiado rápido: el reclamo llegó cuando ya era tarde. La pregunta incómoda es cuántas Sofías más hay a quienes nadie llega a reclamar a tiempo.

A dos años, la causa sigue su camino con la lentitud de los trámites que se miden en audiencias. Alejandro Bevilacqua, Eduardo Mordini y Brian Baumann continúan presos preventivamente, imputados por homicidio calificado por el concurso premeditado de dos o más personas, contra una mujer y mediando violencia de género. La pena prevista es prisión perpetua. Las prisiones preventivas se ratificaron este año, y la instrucción está próxima a elevarse a juicio oral, aunque hasta donde pudimos confirmar todavía no hay fecha. Dos años después, la familia sigue sin saber cuándo va a sentarse frente a quienes, según la acusación, mataron a Sofía.

Mientras tanto se abre una discusión que no es menor. Las defensas de Mordini y Baumann pidieron que se modifique la calificación a encubrimiento agravado, es decir, que se los considere partícipes del ocultamiento y no del homicidio. El juez lo habilitó y deberá resolverse antes de la audiencia preliminar. La querella, que representa a los hermanos de Sofía, se opone y sostiene que hay prueba de su participación. Dos mujeres, también acusadas de encubrimiento agravado, están en libertad con restricciones. Como corresponde, todos son imputados y es la justicia la que debe determinar su responsabilidad.

Lo que importa de esa discusión es lo que está en juego detrás de los términos jurídicos: si el crimen de Sofía va a ser juzgado en toda su dimensión, como lo que la fiscalía dice que fue, un acto planificado y compartido, o si se va a ir achicando hasta volverse otra cosa. Cada degradación de la calificación es, para una familia que ya perdió todo, un segundo golpe.

Escribo esto con la incomodidad de quien sabe que una nota no devuelve nada, y menos después de dos años. Pero escribo porque la única respuesta que tenemos a quienes creyeron que nadie la iba a reclamar es no dejar de nombrarla. Sofía Delgado. Veinte años. San Lorenzo. Que su causa llegue a juicio, que se juzgue con la gravedad que tuvo, y que cada vez que alguien piense que una mujer puede desaparecer sin que nadie pregunte, recuerde que acá, con su nombre, la ciudad no se olvidó. Ni en dos años, ni en veinte.

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