
La pareja del líder del clan criminal fue sentenciada mediante un juicio abreviado. La justicia ratificó su rol operativo extramuros para transmitir las órdenes que se emitían desde la cárcel de Piñero, en el marco de una estructura familiar golpeada por la justicia, pero salpicada por la irrupción de nuevas redes regionales en el Cordón Industrial.
La justicia rosarina oficializó en un procedimiento abreviado la condena a Joana Soledad Rodríguez, pareja de Walter Francisco González —líder de la banda—, a la pena de 6 años y 8 meses de prisión, que al unificarse con antecedentes previos alcanzó una pena total de 8 años de prisión efectiva. Imputada como organizadora de una asociación ilícita agravada por la participación de menores de edad, el fallo ratifica su rol operativo “extramuros”: era la encargada de transmitir e impartir en las calles las directivas que su pareja enviaba desde el pabellón de alto perfil de la Unidad Penitenciaria N.° 11 de Piñero. Su aprehensión en agosto de 2025, durante un allanamiento de la PDI en Capitán Bermúdez, marcó el principio del fin de su estructura de mando en libertad.
La resolución judicial fue homologada por la jueza de Primera Instancia Hebe Marcogliese mediante procedimiento abreviado (presentado por el fiscal Alejandro Caron y aceptado por la defensa).
Joana Rodríguez (39 años) era la pareja de Walter González (líder de la banda, detenido en el pabellón de alto perfil de la Unidad Penitenciaria N.° 11 de Piñero por ordenar tres crímenes y otros tres intentos de asesinatos en el Cordón Industrial, entre otros delitos). Cumplía el rol de organizadora extramuros (en libertad). Se encargaba de transmitir e impartir las órdenes que Walter González emitía desde la cárcel a través de las visitas recibidas y de irregularidades en los controles penitenciarios.
Fue detenida el 20 de agosto de 2025 durante un allanamiento de la Policía de Investigaciones (PDI) en un domicilio de calle Bahía Blanca al 100, en Capitán Bermúdez.
Contexto y actividades de la banda
La banda operaba desde al menos el 13 de julio de 2023 en Rosario, Capitán Bermúdez, San Lorenzo y Carcarañá. Era una estructura caracterizada por lazos familiares que cometía múltiples delitos:
Ataques y amenazas a funcionarios y fuerzas de seguridad: Ordenaron ataques de conmoción pública dirigidos a amedrentar al gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro y a funcionarios públicos para exigir la flexibilización de las condiciones de detención en los pabellones carcelarios.
Esta resolución judicial, sumada a la condena de Marta Mabel González —madre de Walter y administradora de los puntos de venta mientras su hijo permanecía encarcelado—, no hace más que confirmar el modo de operar de una histórica estructura. El caso demuestra que la organización criminal nunca dependió de un único líder libre, sino de una red familiar capaz de sostener el negocio y de ordenar ataques de alto impacto, incluso contra el Servicio Penitenciario y funcionarios públicos, aun con su cabeza visible tras las rejas.
Dentro de esta red donde los límites entre el núcleo familiar y la organización quedaron completamente desdibujados, cada integrante cumplía una función clave. Mientras Joana Soledad Rodríguez ejercía la jefatura extramuros y sufría incluso una balacera en su propia vivienda por las disputas territoriales, Marta Mabel González gestionaba la caja y la logística de los búnkeres. A la par, Dana González, hermana del jefe criminal, se encargaba de reclutar jóvenes del barrio como “soldaditos” para la venta de drogas, mientras que Brian Jesús González, sobrino de la familia, permanecía encarcelado tras ser condenado por el crimen fundacional del grupo registrado en 2014.
Sin embargo, el dominio de los González en el Cordón Industrial no fue lineal. En sus comienzos existió un pacto de paz y comercialización conjunta en barrio Copello entre “Los González” y la histórica banda de “Los Ríos”, pero la tregua se rompió y desató una sangrienta disputa territorial. El mapa de poder se reconfiguró entre 2018 y 2019 con dos asesinatos clave: primero el de Juan Ramón Ríos, alias “Juanse”, jefe hasta ese momento de ambos grupos, y posteriormente el de Daniel “Tubi” Medina, suegro de Ríos. Por este último hecho, Walter Francisco González fue condenado como instigador, posicionamiento que lo consolidó definitivamente como el jefe indiscutido de la asociación ilícita.
Debajo de la cúpula familiar, la banda se sostuvo históricamente en ejecutores materiales reclutados de otras estructuras menores, siendo el caso de los hermanos Gerber el más ilustrativo. Héctor Germán Gerber, uno de los tiradores del entorno de La Mabel proveniente de una banda de Rosario liderada por “Dany” Godoy, cobró notoriedad por la tentativa de homicidio de Brenda Giles en agosto de 2023 en San Lorenzo. En aquel hecho, tras embestir a la víctima con un auto, le disparó en el rostro para robarle el vehículo, lo que provocó un masivo corte de 17 horas en la autopista Rosario-Santa Fe. Tras dos meses prófugo, fue detenido en Capitán Bermúdez y condenado a 16 años de prisión, mientras que su hermano, Alejandro Ramón Gerber, operaba desde barrio Posta vinculado a la red de distribución.
Durante años, la actividad del grupo se concentró en barrio Copello, pero hacia 2024 las investigaciones evidenciaron un desplazamiento de los puntos de venta hacia barrio Posta. No obstante, la condena a Rodríguez y a la cúpula de los González coincide con un escenario donde Capitán Bermúdez ya no es un feudo exclusivo de la familia. La reciente irrupción de redes desarticuladas por la Policía Federal en 2025 que usaban comercios como fachada, el descubrimiento mediante un megaoperativo de la PSA de 13 personas vinculadas directamente con “Los Monos”, y el secuestro y homicidio en julio de 2026 del joven Gastón Montenegro —con implicados de Fray Luis Beltrán— ratifican la vigencia de un corredor narco regional en plena disputa por actores de mayor escala.