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El asesinato de un pibe pone la lupa en otro ataque con tinte narco

La muerte de Nahuel Oliva de 24 años de un disparo en el tórax, el pasado 17 de julio en calle Las Heras al 500 de Fray Luis Beltrán, fue para el fiscal Nicosia, el resultado de una vieja disputa territorial de dos bandas que se dedican al narcomenudeo en el cordón industrial.

Para el fiscal hay dos bandos diferenciados, donde de acuerdo a los testimonios de los testigos del homicidio ocurrido en barrio 3 de febrero de Fray Luis Beltrán, existe una enemistad entre dos bandas que tienen asiento en Capitán Bermúdez: los “R y los G” y por otro lado Marcos G., quien fue señalado por Nicosia como jefe de una facción que se dedica a la venta de estupefacientes y que tiene como soldado y sicario a Valentín M. de 17 años.

Ese mismo viernes, horas previas al desenlace fatal habían discutido Valentín M. y Alexis R. donde éste le reprochó al menor que pasaba con la moto muy cerca de sus hijos en señal de amenaza. Fue una pelea tan grande que los vecinos llamaron al 911 y arribó la policía, pero todo quedó allí y se calmaron las cosas entre ambos.

Horas más tarde Marcos G., llegaba en su camioneta BMW color gris a una vivienda de calle Las Heras al 500 de Fray Luis Beltrán donde habita Osvaldo S. También llega al lugar Valentín M., de 17 años en una motocicleta Tornado.

Por otro lado, Alexis R. llega junto a su cuñado Nahuel Oliva a calle Las Heras al 500, a llevar dulce de leche para una torta que estaba confeccionando la cuñada de Alexis, pero a una vivienda que está a dos casas contigua a la que se encontraban Marcos G y Valentín M. Allí se encuentran todos, y comienzan a discutir nuevamente y es allí cuando Valentín saca un arma de fuego 9 mm y comienza a disparar contra Nahuel Oliva (impactando una bala en el pecho) y sobre Alexis R, quien recibió tres disparos en sus piernas. El agresor escapa en una camioneta BMW que era conducida por Marcos G, mientras que, en el lugar, Oliva fue trasladado por vecinos hacia el centro de salud ya muerto, y el otro herido era derivado al hospital Granaderos a Caballo.

Tras una serie de investigaciones, la Agencia de Investigación criminal dio con el autor del homicidio en una vivienda de calle Aurora al 3800 de Rosario. El menor estaba con Marcos G en la planta alta, e intentaron darse a la fuga cuando llegó el personal policial. En ese allanamiento, no se hallaron armas de fuego ni celulares.

El fiscal señaló que, dentro de la estructura, Osvaldo S, vende estupefacientes para Marcos G, y Valentín es soldadito y sicario de éste. Incluso, el primero intentó desligar a su jefe de la escena del hecho al decir que no estaba presente durante los disparos. Además Nicosia expresó que fue difícil poder tomarle testimonio a los testigos porque saben lo que ocurre y tienen miedo.

Durante la audiencia, Marcos G, quien le dijo al juez que vivía en un domicilio de barrio Copello y que se dedicaba a la compra y venta de autos, se defendió de las acusaciones del fiscal Nicosia, y admitió que estuvo presente durante la discusión y los disparos, pero que se fue solo a su casa y que cuando llegó estaba Valentín, quien le pidió si se podía quedar allí, y que accedió a su pedido.

La defensa del acusado, el abogado Fausto Yrure, apuntó contra el fiscal al señalar que “pareciera que el fiscal quiere más la prisión porque vende estupefacientes y no por el hecho de encubrimiento” y agregó que Nicosia intentó hacer un trabajo de contaminación para que ciertas palabras vayan quedando en la cabeza del juez.

El abogado negó que existan dos bandos y que su defendido lidere uno de estos, como tampoco existen elementos que evidencien estas acusaciones sobre Marcos G., sino que éste admitió haber estado en el lugar de hecho pero que se fue en un remisse de Capitán Bermúdez hasta Rosario, donde vive allí hace tres años y medio.

Sin embargo, el acusado constituyó ante el juez Gazza su domicilio en Capitán Bermúdez, y no como señalara más tarde su defensa, que lo ubicaba en Rosario. Además, para el magistrado es importante el contexto en que se encontraba el imputado, quien presenció un homicidio y donde quedó otra persona herida, y que luego encubrió al autor, lo cual no es un hecho mínimo, por lo que dictaminó la prisión preventiva efectiva de Marcos G., por el plazo de 90 días.

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