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Tres jóvenes, un mismo destino: cómo el narcotráfico tiñe de sangre los homicidios de Scerra, Montenegro y Nast en el cordón industrial

Anabela TramontiniActualidadPortadaPoliciales7 julio 2026 a las 10:37

Los tres crímenes, perpetrados entre abril y julio en Funes, Capitán Bermúdez y Serodino, exhiben un mismo patrón: desaparición previa de las víctimas, ensañamiento físico en el método de ejecución y ocultamiento de los cuerpos en parajes abandonados, mientras las investigaciones judiciales coinciden en señalar al ajuste de cuentas por deudas vinculadas al microtráfico como el hilo conductor que une estas muertes.

 

La ola de violencia vinculada al microtráfico de drogas en el cordón industrial ha dejado una estela de tres crímenes estremecedores en los últimos meses, uniendo los destinos de Benjamín Scerra, Gastón Montenegro y Ramiro Nast en un patrón delictivo que combina la desaparición forzada de las víctimas en democracia, la crueldad extrema en los métodos de ejecución y el ocultamiento sistemático de los cadáveres en parajes abandonados. Aunque los hechos ocurrieron en diferentes localidades entre abril y julio de 2026, las investigaciones judiciales coinciden en señalar un denominador común: el ajuste de cuentas por deudas y conflictos derivados de la comercialización ilegal de estupefacientes.

El primero de estos episodios tuvo lugar en abril en la ciudad de Funes, donde el cuerpo de Ramiro Nast, de 23 años, fue hallado sin vida en el interior de una heladera abandonada en una zanja. El joven presentaba signos de haber recibido una severa golpiza que le causó la muerte. Rápidamente, la pesquisa apuntó a un móvil económico relacionado con las adicciones: según testimonios recabados en el expediente, Nast mantenía una deuda cercana al millón de pesos con un supuesto narcomenudista por la compra de estupefacientes. Este hilo conductor llevó a los investigadores a dar con el paradero de Mauro Bracamonte, un presunto vendedor de drogas que operaba dos búnkeres en la zona de Funes y que terminó detenido como principal sospechoso del crimen.

Apenas un mes después, en mayo, la tragedia se trasladó a Capitán Bermúdez con la desaparición y posterior muerte de Benjamín Scerra, un joven de apenas 19 años cuyo cadáver apareció en una zona de monte, tapado precariamente con una chapa. La autopsia determinó que Scerra había recibido más de veinte puñaladas, un nivel de violencia que conmocionó a la comunidad. Si bien la hipótesis principal que manejan los fiscales indica que el homicidio se desencadenó a raíz de una violenta disputa durante una reunión, los investigadores no descartan que el trasfondo del enfrentamiento esté permeado por el mismo contexto de narcotráfico que atraviesa los demás casos, dado el modus operandi y la saña con la que fue ejecutado.

El fiscal Aquiles Balbis imputó el pasado 22 de mayo a Luciano Hereñú y a Darío Hereñú (tío y sobrino) por el homicidio de Benjamín. En la audiencia ante el juez Gazza, la fiscalía atribuyó el crimen a una pelea tras una ranchada en el barrio El Espinillo, donde a la víctima le robaron el celular, sus zapatillas y la campera y lo asesinaron para garantizar la impunidad. Las pruebas sostuvieron que testigos presenciales del hecho, escucharon e intentaron defender a Benjamín de los Hereñú, para luego trasladar el cuerpo al Monte Celulosa, donde lo “descartaron”.

Sin embargo, cuando Alexis Hereñú quedó detenido, junto a su hermana Fabiana, en la audiencia imputativa ocurrida el 5 de mayo, el móvil cambió. Las declaraciones de la pareja del “Corto” señalaron otro móvil. Luján Cabrera declaró en sede judicial que, mientras mantenían una conversación y jugaban a las pulseadas, Luciano Hereñu se abalanzó sobre Benjamín con intención de atacarlo luego de que Benjamín manifestara haber participado en el hecho en el que le dieron muerte a quien apodaban “Tofu”, ocurrido en una vivienda del “Zanjón” y que había causado la muerte de Antonio Gerardo Hereñu, en septiembre de 2024. La página policial señaló que Antonio salió de su casa ubicada en Dorrego al 200 del barrio Batallán y al menos dos personas le dispararon desde una moto. La hipótesis que se manejó en ese momento fue una trama narco. Antonio era el padre de Luciano “Tuta” Hereñú, uno de los imputados por el homicidio.

Ante esa declaración de Benjamín, mientras jugaba una pulseada con Darío, Alexis y Darío Hereñu se alejaron momentáneamente de la gresca que tenía lugar en la cocina y se dirigieron al pasillo interno que conduce al baño. Allí acordaron darle muerte a Benjamín llevándolo al monte para atacarlo. Luego, Darío regresó a la cocina y se arrojó sobre Benjamín mientras este peleaba con Luciano, lo que motivó que Benjamín le propinara un golpe de puño en el rostro a Darío para después continuar la pelea fuera de la vivienda contra ambos.

Una vez afuera, Luciano y Darío Hereñu continuaron peleando con Benjamín y se trenzaron hasta golpearse contra el portón de ingreso del terreno de la casilla lindera donde habitan vecinos que fueron testigos del hecho. Mientras tanto, Luciano le gritaba a Benjamín: “Mataste a mi papá, yo te voy a matar a vos”.

El último eslabón de esta cadena de violencia se produjo en julio en la localidad de Serodino, cuando hallaron semienterrado en un descampado el cuerpo de Gastón Montenegro, de 25 años, muerto a raíz de varios disparos. A diferencia de los anteriores, en este expediente el vínculo con el narcotráfico resultó explícito desde el principio. Las autoridades señalaron que el crimen respondía a un conflicto directo con la comercialización de estupefacientes, ya que Montenegro atravesaba un consumo problemático y su entorno estaba ligado al microtráfico. La solidez de esta línea investigativa quedó confirmada con los allanamientos posteriores, que derivaron en la detención de cuatro personas acusadas de infracción a la ley de drogas, demostrando que el asesinato fue un ajuste de cuentas en el marco de las disputas territoriales y económicas del mercado ilegal. El día anterior a la aparición del cuerpo de Gastón, se realizaron allanamientos en Fray Luis Beltrán y Capitán Bermúdez, donde detuvieron a una persona, y que el secuestro de elementos como celulares permitió hallar el lugar.
Pero lo que llama la atención es la escasa información que baja a los medios de comunicación. No solo informaron tras varias horas de hallado el cuerpo que se trataba de Gastón, a pesar de que ya lo había confirmado la familia horas antes, sino que también, algo más grave aún, las demoras en la investigación, tal como ocurrió con Benjamín Scerra, torcieron el final de Montenegro.

El trasfondo detrás del crimen de Gastón Montenegro: “La tecnología nos permitió reconstruir el camino del auto en el que lo subieron”

Carina, la madre de Gastón, había denunciado el día siguiente a su desaparición que a su hijo lo apuntaron con armas de fuego y lo hicieron subir a un automóvil de color gris y apuntó hacia una persona. Esta declaración fue ampliada por un amigo de la víctima, que se encontraba con él al momento en que secuestran a Gastón y a él lo dejan ir. ¿No había cámaras de seguridad que pudieran corroborar estas declaraciones? ¿Por qué se demoró en seguir el rastro de las personas señaladas? ¿La trágica muerte de Gastón habría sido otra, si se trabajaba con esos datos desde el inicio?

Al analizar los tres homicidios en conjunto, se advierte un escalofriante patrón que se ha vuelto recurrente en la región: las víctimas son reportadas como desaparecidas durante varios días, sus cuerpos son hallados en lugares apartados o en condiciones que buscan borrar todo rastro (semienterrados, encerrados en electrodomésticos o cubiertos con chapas), y la causa de muerte suele ser producto de una violencia desmedida que supera el mero acto de matar para convertirse en un mensaje para la competencia. En este contexto, los casos de Scerra, Montenegro y Nast no son hechos aislados, sino piezas de un mismo rompecabezas que expone la crudeza de la guerra silenciosa que libran las bandas narcomenudistas en los suburbios de Rosario, donde las deudas se saldan con sangre y los jóvenes quedan atrapados en la vorágine de un negocio ilícito que no perdona ni las diferencias más pequeñas.

Además, se advierte otra cuestión: la reorganización de las bandas narco, cuyos cabecillas están presos y que se disputaban el territorio, derivó en otras nuevas organizaciones, cuyos nombres se desconocen y para quienes trabajan y quiénes son los nuevos jefes criminales capaces de desaparecer y asesinar chicos jóvenes.

 

Las otras desapariciones en la región que no avanzaron
Por otra parte, las muertes de Joaquín Fiant y Giovani Mvogo también tienen patrones similares, aunque no están relacionados al narcotráfico, pero sí a casos no resueltos. Un supuesto suicidio, donde no se avanzó, ya que en ambas escenas no se hallaron armas de fuego o arma blanca o rastros presumibles de violencia en la que hayan participado terceros.

Hallan sin vida a Joaquín Fiant, el joven de 19 años desaparecido hace dos semanas en Granadero Baigorria

El primero de los hechos data del 28 de noviembre de 2024, cuando el cuerpo sin vida de Giovani Mvogo, de apenas 17 años, fue encontrado sobre las escalinatas del parque. El joven presentaba un fuerte golpe en la cabeza y yacía sobre un charco de sangre, lo que de inmediato encendió las alarmas. Si bien inicialmente se manejó la hipótesis del suicidio, la familia del adolescente rechaza tajantemente esta teoría y sostiene que se trató de un homicidio, señalando además presuntas fallas graves en la recolección de pruebas y la falta de acceso a las imágenes de las cámaras de seguridad que podrían haber captado el momento exacto de la tragedia. En un intento por destrabar la causa, el gobierno provincial llegó a ofrecer una recompensa de 10 millones de pesos para quien aporte información clave que ayude a dar con el responsable o esclarezca los hechos.

El segundo suceso se conoció el pasado sábado 2 de mayo de 2026, cuando hallaron el cuerpo de Joaquín Fiant, de 19 años, flotando en las aguas del río Paraná, a unos 70 metros de la costa del mismo Parque España. Fiant estaba desaparecido en Granadero Baigorria. A diferencia del caso de Mvogo, el estado del cuerpo presentaba un avanzado grado de descomposición debido al prolongado tiempo que permaneció en el agua, lo que ha complejizado las pericias forenses. En este escenario, los peritajes se centran en determinar las causas exactas del fallecimiento y, principalmente, dilucidar si hubo o no intervención de terceros en el deceso del joven.

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